domingo 29 de marzo de 2009

Descanse en paz Marcial Alejandro

Ha muerto en el Distrito Federal uno de los Trovadictos pilares del Canto Nuevo Mexicano, la Joven Trova Bohemia o la etiqueta musical que prefieran. Pero sin duda, quienes compartimos escenario con él durante algún día de su larga trayectoria de casi cuatro décadas, sentimos ahora que , como en su canción "Capitán", "desde sin verle lo escucho...".
Descanse en paz su vida, se vuelva incansable su obra musical.

viernes 19 de diciembre de 2008

L.A. Rockolla y su ge'nesis

Por Ricardo Camarena.
Propuesta de columna periodi'stica de rock en espanol en Los A'ngeles, CA
20 de Mayo de 1997

Supervisores:
Gerardo López, editor de La Opinión Newspaper.
Antonio Mejías-Rentas, editor de la sección Espectáculos.
Columna:
Rockolla
Mística:
Es un juego de palabras sobre la acepción “rockola”, que remite al rock en español, “al rock de olla”, local, casero: (underground, subterráneo, alternativo, urbano, rupestre), en Los Ángeles, CA.
Justificación:
El público lector juvenil se ha mostrado proclive a hacer un seguimiento del movimiento de rock en español. Si bien los seguidores de los géneros bailables (salsa y cumbia, onda grupera, música con banda, ritmos centroamericanos) abarrotan salones y eventos populares, y sus gustos están sobredeterminados por medios más eficaces que la prensa escrita, dada su inmediatez y simultaneidad: las estaciones televisivas y radiales.
Además, las inserciones pagadas son unívocas: se trata de eventos claramente comerciales, con una capacidad de convocatoria enorme, dada la popularidad de los artistas del género.
Y, por supuesto, requieren ser atendidos en otro espacio de la sección de Espectáculos. Quizá los viernes y sábados, (ya sea a través de la guía de los clubes y salones de baile, o con reseñas de las bailes, como se ha venido haciendo).
Sin embargo, un sector importante de jóvenes y adultos lectores de La Opinión ha crecido con la oreja puesta en el rock, adaptándolo a su modo de vida y hallando en sus productos una identificación permanente, no como moda musical ni como sinónimo de desadaptación social, sino como vehículo de jovialidad.
El mercado generador de estos productos se mantiene intocado; es sabido que la sección del periódico, dado su alcance, es un parámetro -por sobre las demás publicaciones especializadas- de estos gustos y tendencias, tanto en la proyección de los artistas, como en la promoción de los productos aledaños a esta corriente musical.
Objetivo:
Sintetizar la diversidad de materiales pertinentes a los grupos y productos de rock en español que se reciben frecuentemente en la redacción, así como los que llegan por los cables de agencia, sin compromiso con ninguno de ellos, y con un criterio de selección por parte del editor de la sección.
Extensión:
No mayor que la del Rockalendario, y sin empalmar información de éste.
Periodicidad:
Quincenal.
Recursos:
Disponibilidad de 25 pulgadas en las páginas internas de la sección.
Dead line:
Miércoles quincenales a mediodía, para publicarse el jueves.
Inicio:
Jueves 25 de abril de 1997
Beneficios para la empresa:
Captar un circuito de lectores y consumidores de productos concernientes, con base en información privilegiada y actualizada, aún por sobre las revistas especializadas de rock en español, cuya periodicidad es regularmente mensual, y a veces tardía o esporádica.
Beneficios para la sección:
Darle cabida primicial a productos y servicios relacionados con el género que, aun cuando todavía no tienen una aceptación masiva, progresivamente la están obteniendo. Sin demérito de la ética periodística, se puede implementar esta columna informativa para atender tanto a promotores, publirrelacionistas y músicos, como a su público.
En muchas ocasiones los eventos tienen una importancia dentro de este circuito de lectores y consumidores que escapa al alcance de la cobertura por reporteros o noticias de cable; mayormente si es de índole local. Si bien es cierto que en muchos de ellos priva la informalidad y cierto desorden, en otros las expectativas se cumplen, quedando la sección Espectáculos al margen de la primicia sobre estos eventos.
La comunidad juvenil ha comprobado acercarse los jueves a la lectura del periódico, y en especial a la sección, por la frecuencia con que se abordan tópicos pertinentes a los grupos y artistas locales e internacionales de rock, así como la información oportuna que brinda el Rockalendario.
Ahora sólo faltaría una columna que, con capacidad de síntesis, recopilara la creciente cantidad de información, que no amerita un tratamiento particular como nota, pero sí una mención en párrafos. Más de un promotor incipiente o un club han vuelto progresivamente anuncios formales sus faxes informales al Rockalendario.
Por otro lado, la calidad de los grupos y solistas internacionales que con frecuencia concurren a actuar en foros medianos y pequeños de Los Ángeles, es inobjetable y amerita, si no su cobertura periodística, sí la constancia escrita de su actuación en esta ciudad.
Otro aspecto a considerar sería el de la radio de rock en español, cuya programación también puede ser abordada en esta columna.
Ricardo Camarena.

viernes 30 de mayo de 2008

Curanderos


Infamia

Si de algo van a servir las producciones independientes de rock en español en California, va a ser por su valor ilustrativo: un CD demo dice más que mil reseñas. En eso hace pensar este material de seis temas de la banda angelina Curanderos, salido al mercado en medio de avatares de producción que no vienen al caso, pero que son como el primer tema: Dolores.

Con marcada influencia de Caifanes, poesía y un buen balance entre el acústico y el eléctrico en las guitarras de Larry Ruiz y Mario Lomar con buena vocalización de su parte, el cuarteto según fotos -y quinteto según créditos de portada- es completado por Fabricio Argueta en la batería, Ricardo Lomar en el bajo y Guillermo Elías en las percusiones.

Es un disco homogéneo, libre de la concesión pieza lenta-pieza rítmica. Prosigue en No me gusta la música la intención de amoldar poesía y rock, con un sonido soft que bien le sienta a las letras que lo menos tienen es ser atropelladas por consonancias forzadas.

No en balde el disco está dedicado a Octavio Paz. Sangre fría recibe junto con esto buenos remates del requinto eléctrico lejano, sin embrutecer de ritmo la melodía. Pablo alcanza buena atmósfera, con canto a dos voces, asunto difícil de librar para otras bandas. Sobredosis y Por fin cierran este medio disco de Curanderos. Ojalá y por lo menos otros seis temas lo redondeen en lo sucesivo.

Ricardo Camarena

La Opinión, 12 de abril de 1998


lunes 7 de abril de 2008

El vértigo de La Ley



RICARDO CAMARENA

(La Opinión, 21 de abril de 1998)

“Lo bueno es que con este grupo no se echa slam”, decía optimista un fan esteangelino a su pareja, boleto en mano y en la hilera de cateo para entrar a House of Blues la noche del jueves pasado.

Se equivocó, aunque adentro, el lapso de espera del concierto tenía la serenidad de un coctel de inauguración de un pintor novato.

En uno de los mejores conciertos en lo que va del año, el cuarteto chileno de rock La Ley colmó el recinto del boulevard Sunset con los más violentos slameros, a pesar de los pronósticos de que concurriría un público más bien ‘fresa’; o sea, de gustos más cercanos a Maná que a Marylin Manson.

El concierto arrancó con un potente despliegue de luces y sonido, cámara de humo y un receptáculo plástico en forma oval, de donde emergió Cuevas, coronado al igual que el resto del grupo con un casco de luces sacado de la utilería de ciencia ficción.

El despegue enardeció a una multitud caldeada previamente por una pelea a puñetazo limpio entre dos jovencitas, que no pasó a mayores. El toque latino lo pusieron jóvenes compatriotas del grupo, que izaron pequeñas banderas de Chile, esquivando los proyectiles humanos que detrás de ellos se lanzaban inmisericordes.

Iluminado por los destellos de una espléndida, hermosa batería platinada, como aureola, con todos los herrajes y tambores necesarios para imprimirle la potencia necesaria a las vocalizaciones de Alberto Cuevas, Mauricio Clavería lo mismo destrozaba las baquetas en un toque que cimbraba el lugar, que caía a un beat baladero que erizaba el punto de vista de más de un crítico de rock como Octavio Hernández, cerveza en mano.

Pero allí mismo cientos de gargantas aunaban sus alaridos al canto de Cuevas para entonar tanto los temas de Invisible, como los del nuevo álbum. “Bienvenidos al vértigo’’, dijo el cantante moviendo sinuosamente sus brazos enguantados.

La precisión del bajo de Luciano Cuevas y su galanura rindieron a las jóvenes, que lo exigían a gritos como quien pide justicia. Bajo su instrumento desfilaron temas como Animal y la palmeada al estilo flamenco de El duelo, con sus letras bizarras.

Una de las piezas que logró la hilaridad de la multitud fue una excelente interpretación de Vi. Mientras que por otro lado, una de las cosas que logró la molestia de los fotógrafos que hacían su labor de cobertura fue ver que un individuo, que se ostentaba como manejador del grupo, entorpecía su labor fotográfica, a pesar de que los aficionados en la pista sacaban de sus ropas cualquier cámara con flash y tomaban los ángulos favoritos de su grupo consentido.

Con su mezcla de música industrial, siempre apoyada por programadores de sonidos que le daban un aire techno a los ritmos y el toque rockero de la guitarra eléctrica de un inexpresivo Pedro Frugone, La Ley se adueñó de las voluntades con la Fotofobia y la poética Santa Ciudad, dándole su lugar al funk y al jungle en estas y otras canciones.

Sin embargo, asuntos ajenos al concierto empañaron con una violencia innecesaria la estancia de algunos de los jóvenes al frente del foro, en la pista y en la barra del extremo derecho del escenario.

En particular, un fornido joven de cabellera larga y camiseta blanca, que arremetía a empujones malintencionados a cuanto hombre o mujer se le cruzara, en franca provocación, y causando el malestar entre los muchachos que lo circundaban.

Al frente del escenario, uno de los fornidos guardias de seguridad afroamericanos arrostraba a los muchachos que se lanzaban sobre la multitud, y a puñetazos y empellones los azotaba, con rudeza inusual. El resultado fue la dolorosa salida de uno de los más insistentes ‘clavadistas’ de cabello largo en brazos de otro guardia, algo más conmiserado, del recinto.

En el mismo ángulo del club hubo riñas y desalojados por conatos de pelea, aunque los guardias de seguridad del lugar se encargaron de apaciguar los ánimos a su modo: con la brusquedad acostumbrada, mientras, irónicamente, Cuevas y el resto de la multitud cantaban el estribillo No sufras más, de Guerrillero.

Arriba, el concierto se desarrollaba con perfección técnica, con derroche de luces y potencia de sonido, aunque se malograron algunos comentarios inaudibles de Cueva entre canción y canción.

La gente conocía a la perfección las letras y se encargó de darles claridad, coreándolas y saltando con energía. Sed, Solitaryman y Opacidad dieron un momento culminante al concierto, que también tuvo su breve intervalo acústico con un par de melodías, una de ellas Ciclos.

Y el remolino de ritmos y poesía volvió, entre otros, con un tema de hip hop al que fue invitado Archie Frugone, hermano del guitarrista, para echar el ‘palomazo’ en el bajo eléctrico.

En la parte final, La Ley interpretó Krazyworld, un tema en francés, y volvió a un ‘bis’ que alargó hasta cerca de las 11 de la noche el primero de los dos conciertos que brindaron a un público angelino, que hacía más de dos años que no los oía, desde el Wateke 96 en San Bernardino y en el Anfiteatro Universal.

sábado 29 de marzo de 2008

SinSemilla germina en el rock de Los Angeles


Ricardo Camarena

(La Opinión, 10 de septiembre de 1997)

Giovanni Arriola, incansable músico salvadoreño, se habla de tú con todas las tendencias y derroteros que ha tomado el rockañol en Los Angeles desde los más lejanos tiempos, rumbo a las tres décadas.

El rockosaurio exMixer sigue cimbrando las tarimas de la escena local con sus temas, después de tránsitos históricos por el rock en México, formando parte allá y acá de las más diversas bandas, fracasando y repuntando con los mismos compañeros de generación -Félix Mejorado, Ana Ramírez, Mike Rojas, Tito Larriva, Jorge Luis Rodríguez- y marchando en paralelo con el rock chicano de Rubén Guevara y Safos, con Willie Herrón y Jesse Velo de Los Illegals en el Este de Los Angeles.

Ahora, Arriola comanda SinSemilla, un quinteto integrado por Juan Corona al bajo, el cantante guatemalteco César Ellis, Andrew Light en la guitarra y Gregg Freeman en la batería.

Corona, Ellis y Light, en opinión de Arriola, constituyen la sangre nueva de las canciones que él ha compuesto. SinSemilla ha producido de manera independiente su propio “demo”, El Animal, con siete temas; Light fue el ingeniero de sonido de este material producido por Arriola.

El animal, explica, “es un tema ecológico; Coyote negro es una alegoría de un traficante que dejó a dos campatriotas abandonados y por ello murieron en el desierto de Arizona, al intentar el paso de la frontera, como muchos más. Un tema vigente. El temblor hace referencia al fenómeno acontecido en Northridge, y que frecuentemente padecemos en California. Moliendo café es una versión del conocido tema rítmico, que refleja mi formación musical oyendo música latina”.

Los rockeros, explica, “es un homenaje a quienes conmigo han luchado desde siempre porque haya lugares donde tocar nuestra música. Sola y El primer amor son, por otro lado, temas vivenciales”.

Acerca del nombre, Arriola indica que es doblemente connotativo, no sólo en broma por la “legalizada” que se estila y fuma sin semilla, sino porque “es una metáfora de quienes llegamos a vivir aquí bastantes años y realmente no hemos dejado semilla en esta tierra, no hemos dejado una presencia firme”.

Ellis cuenta que, por principio, invitó a Arriola, su amigo de más de 20 años, a tocar con un grupo de conocidos; pero las cosas se revirtieron y Ellis terminó integrándose al grupo que Arriola armaba entonces.

Corona, el más joven de los integrantes, dice que debe su formación musical como bajista a la escuela y al hecho de haber tocado antes con otros grupos.

Light, guitarrista anglosajón nacido en Rockford, Illinois, dice estar familiarizado con la música y la idiosincrasia latina por vivir en un vecindario de familias centroamericanas; aun cuando no habla español del todo, es corista del grupo. Sus influencias son diversas, como el blues y Jimi Hendrix, Grateful Dead, Earth, Wind & Fire.

Comenta que tras de tocar con bandas como Stroking Roses, Arriola lo invitaba frecuentemente a ensayos caseros, a tocadas diversas, hasta que formalizó su trabajo con SinSemilla.

“Nunca me había relacionado musicalmente con la música de latinos, pero colaborar con ellos es de alguna manera reconocer musicalmente mi raíz, algo de mi espíritu negro y lo que es Los Angeles”, agrega Light.

Freeman, al igual que Arriola, perteneció a L.A. Mixers, grupo que formó con músicos mexicanos y su ex esposa.

“Esto es algo distinto de lo que había venido haciendo en el rock; los temas tienen mensajes ecológicos y las letras son menos metáforicas que las de mis canciones anteriores”, explica.

“Como aquí en tres meses te olvidan como grupo, estamos tratando de tocar lo más frecuente posible; es una labor de promoción, de presencia nuevamente dentro del movimiento de rock en español”, finaliza Arriola.

SinSemilla toca mañana viernes en La Capilla del Rock y tendrá el difícil compromiso de abrir el Festival Locopalooza 97 en Irwindale, el próximo sábado. Alterna con otras siete bandas locales como María Fatal, Ley de Hielo y Las 15 Letras.

sábado 15 de marzo de 2008

Mountain King: fusión sin confusión


Ricardo Camarena

(La Opinión, 26 de agosto de 1997)

En lo que pudiera ser un segundo aire, el trío Mountain King ha acaparado el circuito de clubes de rock en español de Los Angeles.

“Es a partir de nuestra actuación en el segundo aniversario de la revista “La Neta” que decidimos ser consistentes a nivel de presentaciones en el condado”, dijo por principio Jerry Sandoval, vocalista y guitarra lead.

“Estamos tocando tanto en inglés como en español para abarcar el mayor número de público posible; a la gente le gusta oír rock en ambos idiomas. ¿Por qué no tirarles de ambos lados?” se preguntó y autoaconsejó su hermano Martín Sandoval, el bajista del grupo.

El grupo ha comenzado a ser identificado con una pieza de fusión, el tradicional son El cascabel de la música regional veracruzana, de un estado oriental de la República Mexicana, que interpretada muy a su manera, suena a joropo venezolano, un ritmo vecino del son.

“Oí esa canción una sola vez y la llevé a la guitarra eléctrica. También con el rasgado de una vihuela armé su base rítmica, así como sus requintos, punteados”, comentó al respecto Jerry.

“Pero en definitiva no somos una banda que pueda ser catalogada como de sones de fusión”, replicó Jerry. “Quizá se nos vuelva a ocurrir, pero es impredecible”, agregó.

El grupo tiene grabado un casete con ocho temas, incluido Cascabel: The way to be, Blows my mind, Dreamtime y otras.

Sereno, el baterista Darryl Grama sólo observaba a sus compañeros dar noticia de su actividad musical. En el ambiente, Grama es fácilmente identificable, pues acostumbra rasurar completamente su cabeza.

“Es muy callado. Pero ante sus tambores se prende”, señaló Jerry.

Para los integrantes de Mountain King, no hay un divorcio ni con la popularidad, ni con la posibilidad del éxito: “aparte, el placer de subir a un escenario y compartir tu música es básico”.

Compacto, el grupo presenta sus temas, auxiliándose esporádicamente de los teclados; “hemos pensado en otros integrantes, pero nos hemos dado cuenta que si alguien entra, es porque entiende el tipo de trabajo musical que hemos desarrollado los tres integrantes que actualmente formamos Mountain King”, aclaró Martín.

“Esta idea de agregar nuevos sonidos a nuestra música se puede apreciar en nuestro demotape, con teclados y otros instrumentos. Quizá más adelante se consolide esta idea del cuarto integrante. Por ahora sentimos que estamos funcionando bien como trío”, señaló Jerry.

Consciente del riesgo de repetirse por la continuidad con la que el grupo se ha presentado últimamente en la escena local, Martín reconoce sin embargo que “falta tiempo aún para que eso ocurra”.

Para Martín “el rock en español ha crecido mucho, y no podría suceder de inmediato; además, le vamos a ‘tirar’ al (idioma) inglés. Y como hay muchos clubes para música en ese idioma, se nos van a abrir muchas más puertas en dónde tocar”.

Por mientras, Mountain King ya puede contar entre su biografía haber alternado con la mayoría de las bandas locales de rock en español, así como con el grupo de rock español Los Ángeles del Infierno, y recientemente con Aterciopelados, de Colombia.

Jerry indicó que “esa tocada nos pareció muy buena porque allí nos dimos cuenta de que encajamos con la música alternativa. Nos hizo ver de manera más clara que nuestra música gusta a diferente tipo de personas. La audiencia es variada”.

“Y nuestra música también debe serlo”, agregó Martín. Y prosiguió diciendo que “en el momento en que terminamos de trabajar una idea musical, la descartamos. Nos proponemos siempre buscar cosas nuevas, que la gente reciba en forma fresca desde el escenario”.

Por último, en cuanto a la letra, los integrantes dijeron no abocarse sólo a problemáticas locales o sociales, sino a asuntos más universales, que resulten inteligibles para un público mayor.

martes 4 de marzo de 2008

Freddy Fender: de una estrella



Ricardo Camarena

(La Opinión, 5 de febrero de 1999)

San Benito, Texas, tiene otra estrella de qué enorgullecerse, aparte de la que porta su bandera: la de Freddy Fender en el Paseo de la Fama de Hollywood.

Y el jueves por la noche, para dar el remate digno a la ceremonia llevada a cabo por la mañana en la esquina de Hollywood Boulevard y La Brea, el músico mexicoamericano fue objeto de un homenaje musical colectivo por parte de sus compañeros de generación, en el club House of Blues.

Rosie y The Originals abrieron con la versión bilingüe de Angel baby el concierto múltiple que precedió a la presentación estelar del guitarrista que tomó su apellido artístico de la famosa marca de instrumentos de cuerda.

También el cuarteto The Blazers se congratuló musicalmente del galardón a Fender. Con un rock and roll de sabroso estrépito y con la conocida cumbia Tiburón, tiburón, popularizada antaño por Mike Laure y sus Cometas, los esteangelinos le pusieron ritmo a la congregación.

Los maduros parroquianos aderezaron entonces la nostalgia de los años 60 y la convirtieron en los más heterogéneos contoneos en la pista del club. Lo importante fue hacer eco de toda una época, a lo que contribuyó la invitación al foro al bajista Jimmy Espinosa, con quien The Blazers ofrecieron la primera de dos interpretaciones de La tierra de las mil danzas, además de una pieza ‘con todo el sabor a Whittier Boulevard’, exclamó Espinosa mientras ejecutaba un buen solo de bajo eléctrico.

Rato después el grupo vocal Cannibal & The Headhunters, memorables teloneros de The Beatles en 1965, ofrecerían también al público el himno onomatopéyico de los sixties: ‘Na, nanananá, nana, naná nananá, nananá, nana nanaaa’. También Hey, Señorita y un afinado ‘blues para el House of Blues’, coreografiado por Robert Jaramillo, Richard López y Charlie Muñoz, llevaron al máximo la algarabía de la concurrencia.

El ambiente de congal efervescía; los pies de la concurrencia tenían un aire de autos lowriders; las cinturas, casi perdidas, un vértigo de búsqueda de los buenos tiempos de swing, surf, boogie y go-go. Departiendo entre el público se hallaban ejecutivos de disqueras, el alcalde de San Benito, la actriz Lupe Ontiveros, y el maestro de ceremonias aludía a la actriz Apolonia (costar de Prince en un filme), sin ubicarla del todo. Pero antes de ellos, Los Traviesos se habían unido al reconocimiento general a Fender con un cover baladero y música de corte tex-mex.

Y por fin, casi a las 10 de la noche, la ovación indicó que Fender, con soda dietética en mano, pisaba el foro de Sunset Strip.

Acompañado de un sexteto con el que surcó de la cumbia a la norteña, del tex-mex al blues y la balada bilingüe, Fender ocultó la enorme hebilla de plata con su nombre tras una guitarra Fender Stratocaster y se dispuso a brindar sus éxitos.

Canciones después el robusto vocalista de grandes bigote y melena se despojaría de su saco rojo con adornos garigoleados, negros para quedarse en camiseta negra estampada con un motivo de motociclista.

Entre canción y canción, recibió reconocimientos como el del presidente de los asambleístas Antonio Villarraigosa y otro galardón por su carrera en activo; a su vez, Fender compartió con diversas personalidades el otorgamiento de la famosa estrella con su nombre en Hollywood Boulevard.

Prosiguió con su concierto; dio su versión de Colina Azul; a ritmo de country mostró su peculiar estilo de tañir y requintear su guitarra sin plectro (“uña”), y cantó en todos los matices: lo mismo con su alegre estribillo “¡Ay, ay, ay!” sabrosas cumbias como La mucura, que sentidas baladas en español como la que popularizó Julio Iglesias, Hey.

Fender, inspiración e influencia declarada para el rockero mexicano Jaime López (Chilanga Banda), mezcló con gracia tanto Allá en el rancho grande y Canción mixteca, como Los ojos de Pancha y su correspondiente versión en inglés; la romántica Crazy fue uno de los temas más aplaudidos.

Pasadas las 11 de la noche, Fender se despidió de su público y entonces, minutos después, la tremenda banda de San Fernando Valley, Tierra, se encargó de darle un ambiente de zoot suiters y de East L.A. al resto de la noche en el club del West L.A.

Y se prolongó la velada con dos saxos, una buena tarima de percusiones caribeñas en manos de Johnny Valenzuela, un trío de vocalistas y el resto de músicos: era el sabor a leyenda de la música chicana de CalifAztlán.

sábado 23 de febrero de 2008

Bloque de Búsqueda: Fusión en bloque









Ricardo Camarena

(La Opinión, 1 de marzo de 1999)

En el breve pero emotivo concierto que ofreció el octeto colombiano Bloque en el club House of Blues de West Hollywood el viernes pasado por la noche, un repertorio de fusión en el que comulgaron perfectamente el funk, el rap y el rock con los ritmos nativos mostró a la audiencia de una noche nublada y fría las formas de llevar la sangre caliente adonde quiera que se vaya.

Previamente, el grupo Galactic había presentado su set sin canciones, mismas que pasaron por los amplificadores sin pena ni gloria, ante una audiencia más bien preocupada por escoger la bebida adecuada en su mesa.

Contra la costumbre de los conciertos en ese lugar, en el que bandas como Maldita Vecindad, Enanitos Verdes, Pastilla o Café Tacuba atiborran la pista, en esa ocasión la concurrencia, en su mayoría anglosajona, deambulada cerveza en mano y con cierta indiferencia ante el repertorio de Galactic, pasadas las nueve de la noche.

Tuvo que llegar Bloque, más de media hora después, para volver a poner en circulación la sangre de atole que se había coagulado en los ánimos de los parroquianos.

El grupo se merecía mucho más público que el que en verdad tuvo. Pero aún con esta desventaja, canciones iniciales como Daño en el baño preludiaron la intensidad tropilatina de la velada; la letra fue rapeada con ansiedad, actitud y energía por su autor, Iván Benavides.

El octeto fue subiendo la temperatura de sus ritmos conforme la gente se fue acercando a la pista; a la tercera melodía más de una decena de caderas ya se contoneaban con la tambora, las congas, las maracas y un bajo zurdo ya no “pontifical”, puesto que el anterior bajista de Bloque, apodado “El Papa”, no se incluía esta vez en la alineación del grupo.

El repertorio de su primer disco fue repasado en esta presentación, con sonidos de gaita en el aliento de en la voz sinuosa y potente de Mayté Medina, la única mujer en el grupo.

Su flauta hammeliniana de bambú, de un vibrante sonido andino, como de quena, tuvo la magia de encantadora de serpientes, y en otros momentos, al echar mano de las enormes maracas el ágil brazo de Medina tuvo cualidades de áspid de cascabel.

Esta banda colombiana, de la cual algunos de sus integrantes han acompañado al intérprete de vallenato Carlos Vives, prosiguió con su repertorio de ritmos guajiros, funk y con tumbaos rumberos en los que se intercalaron excelentes requintos eléctricos con pedales de distorsión al estilo Carlos Santana. Un claro ejemplo fue la pieza Nena.

Sin lágrimas, ritualista y afrolatina, en la voz de Benavides cobijada por los coros de Medina y el tecladista resultó imponente.

Las percusiones gobernaron todas las piezas, y tanto la batería como las congas, la tambora y los bongós, acentuaron la energía rítmica de Bloque. Sin embargo, la labor de las dos guitarras eléctricas –una de ellas pulsada por el vocalista Benavides– pautaron la modernidad de las melodías.

Con La pluma, cantada por Montero, se estableció el contacto directo que entre tradición y vanguardia constituye el sonido musical de Bloque.

Esta fusión fue manifiesta también en El hedor permitió apreciar otra perspectiva del canto gregario de esta banda, que llevó a la concurrencia a corearla, aún sin comprenderla. Un eficaz solo de guitarra permitió al octeto hacer un exitoso jam de percusiones, teclado y vocalizaciones¶

A paso de ganso y tibios meneos, el público era más un auditorio que ovacionaba a Bloque que un cúmulo de bailadores; atrás quedaba el escepticismo inicial ante esta música cantada en español, con una capacidad de convocatoria de la adrenalina hasta el síncope.

Una hermosa canción, Majaná, cargó de ritmo caribeño en un dialecto afrocolombiano el cierre del concierto, para desconcierto de quienes hasta ese momento habían entrado en calor. La contagiosa sensualidad de la melodía interpretada por Montero fue climática y no precisó de traducciones, ni siquiera al español; mucho menos al inglés.¶

Con el el Rap del rebusque Bloque cerró su presentación y condensó las otras formas versátiles de amalgamar los ritmos afros de Colombia un rock sin fronteras, totalmente original.


sábado 16 de febrero de 2008

Rock ¿en Bankarrota?

Ricardo Camarena

(La Opinión, 24 de julio de 1997)

Un cuarteto que en desde hace un año ha iniciado el recorrido el circuito de clubes de rock en español -algunos ya desaparecidos en el estira y afloja de la consistencia- es Bankarrota.

Sin alcanzar a precisar su estilo, que surca del heavy metal al alternativo, ellos sugieren el “metal alterlatino” para salvar de la crisis el abuso de la etiqueta.

Bankarrota está formado por el guitarrista Edgar Tirado, de 20 años, de formación ¡bolerística! y con un gusto especial por Pantera; Christian Puerta, de 19, en el bajo, con una formación obtenida en la banda de jazz de su escuela la que, aseguró, le permitió ampliar su gusto por la música y volverla su vocación actual. “Después compraría mi guitarra de 20 bolas en la calle Broadway para tupirle al rock”, comentó.

Jorge Barrera, de 23 años, es el cantante del grupo. Héctor Arana es un baterista originario de Guadalajara, quien inició como guitarrista hace 12 años en el rock, de entre quizás más de 30 inconfesables.

Arana comentó por principio que “el nombre de nuestro grupo refleja mucho de nuestra situación. Casi siempre estamos en bancarrota. Porque en cuestión económica, yo creo que a ninguno de los grupos locales le va bien. Más aún, porque el nuestro está empezando. Pero en cuanto a respuesta de la gente, creo que la estamos logrando”.

La formación de Bankarrota se ha enriquecido gracias al contacto con bandas anglosajonas “y definitivamente, por su influencia dentro del ‘alternametal’”, confesó Arana. De allí que, salvo el idioma, no hay una preocupación musical del cuarteto por desactualizarse.

Por otro lado, “las letras de nuestras canciones hablan de cosas cotidianas, de lo que sucede a nuestro alrededor, y que volvemos música”, dijo Barrera.

“Es el caso de Nocivo, en donde reflejamos una preocupación sobre las broncas como la contaminación, de algo que nos afecta como las sustancias químicas en el aire”, agregó Puerta.

El grupo de Huntington Park tuvo su primera participación estelar en la noche inaugural del club Dragonfly. Desde entonces la presencia de Bankarrota ha sido frecuente en los clubes angelinos.

Escuetos para comentar su propia actividad musical, quizás por su incipiencia, los integrantes de Bankarrota son cuestionados al respecto sobre si su búsqueda es de musicalidad o mensaje en sus temas.

“Ambas cosas”, respondió tajante Arana. “Y creo que se demuestra cuando vemos que los chavos se prenden. Buscamos música que encuentre respuesta en esta gente. Y en cuestión de letra... también. Es como un ciclo: la gente recibe y a la vez nos devuelve esta propuesta”, agregó.

Como reconocido acto de ego, los integrantes afirmaron “tocar lo que por principio nos gusta a nosotros. Un rock fuerte, y de ahí nos basamos para crear algo que provoque la reacción del público, pero no componemos exactamente para la gente, ni coritos catchies o de pop; para nada”, afirmó medio “pirrurris” Arana.

“Nuestra música sí induce al slam, pero en muchas ocasiones sorprende a la gente por la energía que transmite”, reconoció Arana.

“Usamos la música como un puente para comunicarnos tanto con quienes echan slam, como para quienes se quedan quietos, así, con los ojos pelones, preguntándose qué tipo de música les estamos tocando”, agregó Tirado.

“Le llamamos ‘el nuevo sonido de Los Angeles en español’, dijo rimbombante Barrera, recreando un slogan más propio de una agrupación cumbiera que de “un grupo de trash metal, groovy, pesado” y demás definiciones en las que sus integrantes no acertaron a coincidir.

Pero se defendieron precisando en voz de Tirado que “la cuestión es sacar un nuevo sonido al ‘metal’, es decir, al ‘metal de los noventas’”.

“Son bandas como Coal Chambers, Korn, Downset, Helmet, Deftones. Es una fusión del metal con el rap, algo de hip hop y todo eso. Nos identificamos más con los grupos anglos, aunque estamos cantando en español”, precisó Arana.

Barrera, quien al igual que sus compañeros en su estéreo hace convivir a Caifanes con Metallica, y de seguro MTV con Sábado gigante’, destacó sin embargo no necesitar, en el repertorio del grupo, de piezas clásicas de rock para estar en el gusto de su joven público: “Simple y sencillamente nuestra música habla por sí sola. Mensaje o no, la gente la escucha, y nos va a valorar por lo que estamos ofreciéndoles”.

Esto, al lado de las bandas locales en Whittier Narrows a principios de julio, y en Luna Park al lado de La Barranca.

La paradoja es entonces que haya una permanente Bankarrota.

miércoles 30 de enero de 2008

‘Noches de Sol’ en LA










Ricardo Camarena

(La Opinión, 11 de junio de 1997)

“En Los Angeles nos fue bien, digamos regular, porque resulta que el promotor del grupo que alternaría con nosotros en House of Blues, se fue de vacaciones, y al llegar nosotros acá descubrimos que no lo habían podido coordinar bien”, declaró de entrada Mariano Chueca, vocalista del quinteto de rock español Distrito 14.

El grupo se presentó la semana pasada en tres foros que son representativos del circuito rockero angelino en español: JC Fandango, Grand Avenue y Dragonfly. Sólo faltó House of Blues, por lo que señaló.

Durante la visita que hicieron el lunes a este diario para hablar de sus álbumes, su trayectoria y sus expectativas, los cinco jóvenes de Zaragoza comentaron que el nombre de Distrito 14 lo tomaron de la denominación de su barrio de infancia.

“Este año empezamos la gira en San Francisco, tocando allí, y después de cubrir Los Angeles hicimos contacto para una presentación en las Vegas este jueves. Nos gustó encontrar a gente que gusta de la forma en que hacemos las cosas”, señaló Chueca.

Parece ser que difiere bastante lo que nosotros hacemos que lo que aquí se conoce del rock que se está haciendo en España”, añadió.

De allí, según Chueca, “en Los Angeles esta diferencia se hizo más palpable, de acuerdo con lo que oyó y comentó la gente que asistió a nuestros conciertos”.

Respecto de la generación de músicos en la que pudiera insertarse Distrito 14, Alberto Moliner, bajista del grupo, declaró: “No sé decir, porque hemos estado en varias generaciones, desde que el grupo surgió en 1982. Pero nuestra música tiene relación con la de los 90, de los 70; nuestro grupo favorito se mueve dentro de esos 30 años de rock. Nuestra generación es un compendio de todas las demás generaciones”.

Para Chueca, la temática de las canciones de Distrito 14 está inserta en una manera de entender la vida, “dentro de los cuatro temas universales, los mismos de la práctica mayoría de autores en el mundo. Al final, toques el tema que toques, van a parar a esos cuatro, el amor, el desamor, la despedida y el camino que cada cual toma”.

“Es un poco la base de nuestras canciones: crear pequeñas historias, sobre las cuales no me gusta nunca hablar ni delimitar. No lo que quieren decir, porque están escritas en letra clara y sencilla, pero sí descartar la indagación sobre si es autobiográfica o de una experiencia familiar”.

Chueca considera que los videoclips en ocasiones cancelan las posibilidades y propuestas de imágenes que contiene una canción, “rompiendo la magia que cada canción posee”.

Sin embargo, el grupo refuerza su imagen por medio de un video que a su vez contiene videoclips, la sesión de grabación del disco “La calle del Sol” y el concierto que llevaron a cabo el 4 de octubre de 1996.

La grabación de este concierto dio pie a que Distrito 14 grabara su segundo CD en vivo, Noches de Sol, y que acaba de salir al mercado.

Iñaki Fernández, baterista del grupo, hace un recuento:

“La primera actuación del grupo se da durante el Primer Concurso de Rock Ciudad de Zaragoza en 1982. En 1984 grabamos en Frankfurt nuestro primer disco, que por algún motivo no se logra editar. Por allí tenemos un periodo en que nos dedicamos a labores diversas y nos reunimos en 1987 para proseguir el trabajo de Distrito 14. De ese tiempo se logra, bajo el sello EMI Odeón, El cielo lo sabe, de 1993. Por su cuenta pudieron armar, bajo un sello independiente y propio, La calle del Sol. Es el nombre de la calle zaragozana donde Chueca y Moliner se criaron como amigos y músicos, desde niños.

“En la gira de Estados Unidos estamos realmente temas de todos los discos; no del primero de Alemania, pero sí del de EMI y del recién salido Noches de Sol, comentó Chueca.

“Tenemos en nuestros conciertos un público de todas las edades, desde los 15 hasta los 50 años”, comentó Chueca. “La paradoja es que no hay paradoja; creemos que la música es lo más importante de todo, edades y generaciones aparte. Nosotros creemos que si a alguien le gusta la música, le debe gustar todo tipo de música”, agregó.

El sonido de Distrito 14 contrasta con su exactitud ante la sordidez del heavy Metal; carece de tenebrosidades dark y se codea con el pop sin dejar de lado la experimentación que exige el rock.

Después de considerarse “ciudadanos del mundo”, los integrantes de este grupo español expresaron sus expectativas respecto de su itinerario en Estados Unidos. “El objetivo del grupo después de la experiencia que tendremos en Cuba a finales de años es incursionar en países europeos como Alemania, Bélgica u Holanda”, informó Moliner.

Enrique Mavilla, tecladista de Distrito 14, reconoció que “aun cuando en las canciones, cuya letra es profunda pero sencilla, no manejamos símbolos, sí podría decirse que el sol de la portada de nuestro disco y las dos referencias en los nombres de nuestros álbumes, hablan de una luminosidad en nuestra música. Noches de sol es precisamente el disco en directo de un día “luminoso”, un día de energía, el del concierto del 4 de octubre de 1996”, indicó.

“Más que con símbolos, trabajamos nuestra música con imágenes. Por eso el video que hicimos de nuestra trayectoria tiene más de cortometraje que de videoclip”, aclaró Chueca.

Enrique Jaraba, el guitarrista, desde su llegada a Distrito 14 en 1991 para la grabación de El cielo lo sabe, aportó elementos instrumentales, de su experiencia con el heavy metal en otros grupos. Esto, tras la salida del anterior guitarrista, que sólo permaneció tres meses en Distrito 14. De hecho, los cinco músicos son fundadores de lo que es formalmente el proyecto de Distrito 14. Fernández, el baterista, se incorporó al grupo desde 1993.

“Creo que estos últimos cuatro años han sido los más productivos para el grupo, que la suma de lo anterior, pero sirvió de alguna manera para consolidar lo que ahora es Distrito 14”, comentó finalmente Chueca.

domingo 20 de enero de 2008

Control Machete: con toda la carga



Ricardo Camarena
(La Opinión, 25 de mayo de 1999)

Con toda la carga musical que lo caracteriza, el trío mexicano de rap y hip-hop Control Machete visita este fin de mes Los Angeles para hacer la presentación formal de su segundo disco Artillería pesada, el lunes próximo en el club House of Blues de West Hollywood.
“Son casi dos años y medio entre Mucho barato y Artillería pesada. La diferencia es clara, pues el disco debut se grabó en 1996 y éste a finales de 1998; es decir, que se trató de un gran esfuerzo y dedicación a Mucho barato, que permitió una distinta maduración y crecimiento en la banda, como personas y como músicos. Durante todos esos viajes de gira viene la idea de Artillería pesada y se hace bajo la producción de Jason Roberts y del integrante del trío, Antonio Hernández, el DJ Toy”, indicó Fermín IV, vocalista del trío en su entrevista en este diario el martes pasado.
“El disco, en su edición mexicana, contiene un programa interactivo que contiene tanto imágenes de una ciudad antigua, como la de una ciudad en pleno desarrollo, que es Monterrey. Son 134 fotografías recopiladas por Alfredo Salazar, así como 34 relatos y crónicas de Adolfo Zapata Guevara; que no son localistas, sino universales”, agregó el DJ Toy, que junto con el vocalista “Pato” forman Control Machete.
“Frente al repertorio inicial de Mucho barato (Polygram), que resultó ser un disco muy visceral, en Artillería pesada (Universal Music) son ahora 11 temas de un disco muy pensado, que sin embargo no pierde los sonidos incidentales del hip-hop. No quiero decir con esto que es un disco ligero o menos fuerte que el primero, sino más profundo”, explicó el DJ Toy.
Agregó que “lo interesante de participar en la producción de este disco de Control Machete es que, aparte de ser gente de conciertos, somos también gente de estudio de grabación. Siempre hemos estado involucrados en esta labor de dirección musical; lo verdaderamente incidental es en sí el trío”.
“Los lugares a los que nos llevó Mucho barato fue todo Estados Unidos en una gira en mayo del año pasado; un mes antes estuvimos en toda Sudamérica. Inclusive hicimos presentaciones en Paraguay, país que nos faltaba por cubrir; en otras giras, como Molochete (con el grupo Molotov), habíamos recorrido Sudamérica y todo Centroamérica, así como España”, indicó Fermín IV.
Toy explicó que el proceso de concebir el nuevo disco les ofreció una encrucijada en su carrera. “Teníamos una disyuntiva: o le seguíamos trabajando a ‘Mucho barato’ y lo llevábamos a lugares adonde no es aún conocido –Japón, algunos países de Europa, no sé– o nos dábamos la oportunidad de grabar. Creo que decidimos emprender la realización de este álbum, ‘dándole vuelta a la página’, tranquilizarnos, meditar los nuevos temas, platicar con la raza, y volver al entorno de donde habíamos surgido como Control Machete, después de tantas giras”.
“Los plazos para trabajar el repertorio del disco fueron libres; no hubo un ‘schedule’, un lapso predeterminado para forzarnos a crearlos. Nos concentramos en Monterrey y empezamos a hacer un disco que nos permitió salir a trabajar conciertos a Los Angeles, a otras giras. Volvíamos a Monterrey y seguíamos grabando, después de los lógicos acoplamientos de la gente del equipo de trabajo”, aseguró Toy.
“El momento del contacto en Cuba con el Buenavista Social Club fue decisivo para animarnos a crear, en específico, el tema Danzón. Fue allí donde sentimos esa conexión con el concepto del disco, porque además de estimularnos, nos permitió darnos la idea de fusionar lo muy contemporáneo con algo de la historia”, explicó Pato, refiriéndose al tema del disco en el que participan experimentados músicos cubanos como Rubén González y Orlando ‘Cachaíto’ López, Juan de Marcos González. Participó asimismo Rubén Albarrán, el vocalista del grupo mexicano café Tacuba; cantante conocido también como “Cosme”, “Re”, “Anónimo” e “Intransigente”.
Dijeron que Control Machete cuenta ya con un videoclip de su tema ‘Sí señor’, realizado por el reconocido videasta mexicano Ángel Flores.
El DJ Toy hizo una reflexión final: “Yo creo que este disco, que es ‘de momentos personales y del grupo’, permitió al taller que creamos dentro de Control Machete extender sus posibilidades creativas; creemos incluso poder trabajar –al igual que se hizo con el Buenavista Social Club– con gente como Los Lobos; se trata de vivir un poquito más con lo que te influencia”.

viernes 4 de enero de 2008

Pop en acrobacia


Ricardo Camarena

(La Opinión, 25 de enero de 2001)

Actualmente casado y con un hijo, mantiene en su persona un desaliño bohemio, que bien corresponde al generacional. Barba en interinato, ropa holgada; garabatea su foto promocional mientras en la entrevista habla de todo: de sus influencias musicales como The Beatles y The Smiths; de su preferencia por los escritores Truman Capote, Federico García Lorca, Robert Louis Stevenson.

Es Mikel Erentxun Acosta, cantautor español de pop nacido en 1965. Empezó en la banda Los Aristógatos en 1982. Intentó hacer un dúo, sin exito. Pasó fugazmente por la banda 'Journeys to glory’, y por una banda de corte sinfónico, en la que fungió como cantante y guitarrista.

Empezó en 1984 con Diego Vasallo y el baterista JuanRa, del grupo Daltons, su exitosa carrera como Duncan Dhu, nombre de un personaje de Stevenson. Pero también allí brota el germen de su trayectoria alterna como solista: “Después del álbum Supernova Diego y yo decidimos darnos un tiempo – hasta el siguiente disco de Duncan Dhu– para probar cada uno en solitario, por diferentes motivos. En mi caso, para hacer cosas nuevas y descansar un poco de la forma de trabajar como el grupo, que era ya muy grande, con mucha infraestructura. Me apetecía hacer algo mucho más sencillo”.

“Entonces”, prosigue, “casi como un juego, como un divertimento, como una descarga, me puse a escribir las canciones y a grabar Naufragios, mi primer disco. Y fue una sorpresa, porque fue un gran éxito; vendimos muchos más discos que todos los demás álbumes de Duncan Dhu, en México, en Chile; obtuvo un Disco de Oro”.

“Pasaron mil cosas que no me habían sucedido nunca formando parte de Duncan Dhu. Pero entonces quise replantearme todo; que nunca iba a dejar Duncan Dhu, pero conservaría mi carrera en paralelo”, dice con voz tenue, como la de sus canciones.

Después de grabar Teatro Victoria Eugenia y otro álbum más con Duncan Dhu, Erentxun comenta que vuelve a grabar en solitario El abrazo del Erizo, con la colaboración de su amigo Miguel Bosé en una de sus canciones. Es considerado un disco en el que se ven claramente sus influencias británicas. “Endurecí un poco el sonido, lo acerqué más al rock; es un disco con mucha energía. Me permitió además hacer una gira muy grande por toda España y México. De hecho, con cada disco defino una etapa de mi vida; me desnudo interiormente y con las fotos, las grabaciones, las letras de las canciones, hago un compendio de mi vida. Generalmente son dos años de acto creativo, mientras se proyecta, se graba, se distribuye y se conoce por la gente”.

Con su nuevo disco, Acróbatas, Erentxun dice mostrar su permanente influencia por parte del movimiento musical británico.

“Cuando compongo en solitario, evidentemente parto de la base musical de Duncan Dhu; es muy difícil alejarse de eso, entre otras por ser el cantante de ese grupo. Es un nexo común muy importante entre las dos carreras. Sin embargo, he podido experimentar un poco más. He hecho tres discos solistas, y creo que cada uno es un paso adelante respecto del anterior. Ha aprendido más y canto mejor. Canto en tonos muy distintos a los de Duncan Dhu, cuyo sonido se ha convertido en algo como muy clásico, muy completo. Digamos que he encontrado ya nuestro sonido. Sin embargo, como Mikel Erentzun todavía estoy a la búsqueda de mi sonido; creo que me estoy acercando, en la dirección correcta”.

Dice componer libremente, sin directrices ni presión alguna por parte de la disquera; “por el contrario, siempre he relaizado en mis discos lo que he deseado musicalmente; el éxito tampoco me ha presionado. He sido muy, muy libre y eso es una gran suerte: no tener ningún tipo de atadura ni hilos invisibles en mi carrera. Así es como puedo dejar fluir lo que sale directamente del corazón y se convierte inmediatamente en canción, tal cual la he imaginado y pensado en la calle, sin manos ajenas”.

Acróbatas me permite ya que la gente no me reconozca más como ‘el cantante de Duncan Dhu’, sino como Mikel Erentxun; participo totalmente en el disco, después de un año de concebirlo y de escribir todas las canciones en casa, como productor, además de involucrarme en el diseño de las cubiertas, en la fotografía”, aclara.

“En cuanto al contenido de las letras, puedo decir que son vivenciales, intimistas; puedo prescindir casi totalmente del exterior. Son muy cotidianas, un poco más atemporales; creo que si las escribes del exterior, ubicándolas en momentos concretos, envejecen muy rápido. Prefiero escribir sobre el amor, la amistad, con una validez ahora y siempre, y que no están ubicadas en un sitio determinado. Trato de transmitir sentimientos, no ideas ni política”, subraya el vocalista.

“El mundo del artista es un poco ficción: de momento estás delante de tu público, la gran multitud. Pero se acaba el concierto y todo mundo vuelve a casa con su familia, mientras el artista se queda solo en la habitación de un hotel. Un concierto le produce un ‘subidón’, de energía, de adrenalina; pero luego cuesta bajar. Hay un momento difícil para volver de nuevo a la realidad”, dice finalmente.

Así han surgido entonces A pleno sol, Selena, Todo es igual siempre, En mis brazos, Tu nombre en los labios, Puedo dormir de un tirón más de una vida y otros temas que muestran la acrobacia universal del pop.

En este caso, la de Mikel Erentxun.

domingo 16 de diciembre de 2007

La Lupita cerró temprano


Ricardo Camarena

La Opinión, 25 de septiembre de 1997

Un House of Blues con algo de museo en lunes resintió los estragos del “puente” del Día de los Caídos. Día de descanso que mermó la asistencia de la banda el martes por la tarde al concierto de Radio Caos, Azul Violeta y La Lupita, que cerró temprano.

En el horario reglamentario, si fuera tienda de abarrotes en México con el mismo nombre. Se trataba de una de las bandas chilangas de rock más conocidas del ambiente, y sin embargo...

Todo comenzó con la centena de jóvenes puntuales que presenciaron la actuación de Radio Caos, con repertorio de su primer CD, Botas Negras: Ritual, Bailando, Abril y un medley que por allí dejó escapar la clásica de Pink Floyd, The Wall.

El grupo angelino de cinco integrantes se defendió como gato boca arriba con más rolas: Relax y Where. No podía ser menos para los teloneros de los Enanitos Verdes.

Escuálidos, los aplausos apenas avisaron que culminaba su actuación. Algo faltaba.

Gente.

La afluencia aumentó discretamente durante la presentación de Azul Violeta. Los dos exintegrantes de Maná garantizaron con el resto del grupo su calidad interpretativa. Empezaron sin guitarrista, pero inmediatamente los “secres” corrigieron el desperfecto de sonido, incorporándolo a piezas como Volveré a empezar, y creo en ti.

Un sonido funk marcó los acentos de Azul Violeta. El más agradecido era un alto afroamericano que llevaba los punteos rítmicos con sabor. Con la fuerza de la instrumentación sobre la letra interpretaron algunas piezas más, destacándose la desgarrada vocalización de Hugo Rodríguez.

Después de un pontifical “Dios los bendiga” por parte del cantante, Azul Violeta salió del escenario.

El ambiente ya entibiaba. Arriba, en la desolada sección de mesas reservadas, un “Jaguar” Hernández en la penumbra daba alguno que otro autógrafo y negaba una que otra foto.

Abajo, por fin “el plato fuerte”. Los comensales que le habían hecho “gestos a la sopa”, bajaban a la pista de baile para las tradicionales rondas de slam.

La Lupita abrió con Camello, Bizcos y Miedo de volar ante el personal. Héctor Quijada y Rosa Adame, con su peinado de “colitas”, destilaron la energía que suelen emplear en sus conciertos.

Sin embargo, un fantasma recorría House of Blues: el fantasma del Memorial Day. “A mí no me engañan. Esto es como un lunes...”, decía escéptico al respecto un fotógrafo de rock en la penumbra, evaluando la menguada asistencia al concierto.

Cierto: hubo slam, clavadistas, el sudor del matrimonio de vocalistas Quijada-Adame, los requintos altisonantes de Lino Nava y los tamborazos precisos del “Bola” Domene.

La Lupita arriesgó el ritmo de la tocada al presentar material de su cuarto disco, Bossa nova, inoportuno contraste musical que agarró fuera de la base a los slameros y a la asistencia que ya se había encarrilado en el ambiente. Un sentimiento de quietud entumeció a los perplejos concurrentes.

Entonces, para La Lupita, hubo que remediar el letargo y el repertorio con Hay que pegarle a la mujer, en donde la tradición se impuso a la experimentación. Las aguas volvieron a su cauce. El relajo pudo continuar.

Ya en pleno, Me cae, Mañana y Ja, ja, ja se encargaron de arremolinar al auditorio de la pista. Pero más de uno, quizá una cuarta parte de la concurrencia, volvió a deambular en los alrededores.

Quijada, el vocalista, lo sabía. Hizo un comunicado de guerra a quienes andaban promoviendo desautorizadamente otras presentaciones de La Lupita por las lejanas tierras de West Hollywood; “inclusive siguen vendiendo boletos, pero no vamos a estar allí”, recalcó molesto.

La proclama fue rubricada con un sólido recordatorio familiar por parte de músicos y público, poco más de 200 personas. Y así la música siguió, siguió. Toda la noche, diría Paul Anka, hasta que La Lupita tuvo su primera salida del escenario.

Volvió para rematar con tres piezas más. La “tigresa” Contrabando y traición puso punto final a la segunda presentación de La Lupita en California.

Conste que por ellos no quedó. Pero algo siguió faltando.

Se rompió la Ley del Hielo


Ricardo Camarena

La Opinión, 18 de junio de 1997

El trío angelino de rock en español Ley de Hielo visitó el martes pasado la redacción de este diario para comentar aspectos de su participación dentro del Anfiteatro Universal, teloneando la Rockinvasión 97 el sábado y el domingo próximos, y sobre su nuevo disco.

En octubre pasado, en el festival musical Wateke 96 en San Bernardino al este del condado de LA, su participación no fue en el foro principal, sino en un foro alterno. Todo parece indicar entonces que el rock en español local ya está dando la talla.

“Queremos subir al foro no como Ley de Hielo solamente, sino representando a la escena rockera local”, procuró aclarar Pino Yllescas,de 35 años, guitarrista y manager del trío angelino. Agregó que “gracias a la ayuda de muchos amigos, a la gente de la revista Retila y a los medios, después de muchos años de darle duro y en donde sea a nuestras tocadas, por fin se presentó esta oportunidad”.

“Este logro es una lucha contra la ideología misma de muchos promotores, que tenían bloqueado al rock local por razones inherentes al propio movimiento: la informalidad, la falta de presencia. Aunque también, si ellos no conocen algo de la región, no lo van a apoyar. Es el caso de la empresa refresquera que patrocina (Mountain Dew). Entonces se dan esas barreras, esas “leyes de hielo” contra los grupos”.

La labor del trío rockero no se concreta sólo al recorrido del circuito de clubes y lugares tan diversos como las escuelas primarias en Inglewood; también se ha concretado en discos (LDH es el primer grupo firmado por Aztlán Records), y va en el camino de la grabación de su segundo CD.

José Montes de Oca, de 25 años de edad bajista y vocalista del trío, comentó que “estamos ensayando seis de los siete días, porque tenemos la responsabilidad del Anfiteatro, alternar con bandas de diferentes países y por supuesto, la entrada a grabar el disco, que será en julio”.

Al respecto, Jimmy Velázquez, baterista de 29 años, dijo que “aunque es un cartel internacional, esta misma fase de preparación que hemos llevado nos permite proyectar sin nervios, mas bien con entusiasmo, lo nuestro; en vivo es cuando más sale nuestra energía, cuando más seguros estamos. Automáticamente todo está a nuestro favor, y por ello nos da más confianza aún. Nervios creo que es lo que te da después”, reflexionó.

Respecto de la preparación del segundo CD de Ley de Hielo, Yllescas anticipó que “seguramente habrá un trabajo con nuevos ritmos, una madurez, y es probable que haya músicos invitados; pero el cambio no será total dentro de lo que es la esencia del estilo del grupo”.

Ley de Hielo ha tenido otros avatares en sus presentaciones. En abril, durante una presentación en Occidental College, se derrumbó la estructura de luces mientras interpretaban Lumpen, cayendo sobre Yllescas y Montes de Oca. “Pino, en la confusión, no dejó de tocar, pero José llevó la peor parte, porque el impacto lo tumbó del escenario”, recordó Velazquez, quien presenció todo sin poder evitarlo, desde su batería. Para rematar les cayó a los tres la lona.

Por otro lado, les tocó participar en el programa televisivo Padrísimo. Velázquez comentó que “Fue positivo. Raquelín, la conductora, sabe manejar su programa; no hubo rechazo ni incidentes y finalmente ganamos un espacio más para el rock, ante familias, cantándoles en vivo tres temas nuestros: Nunca, 100 años luz, y Camino a casa. Lamentablemente se transmitieron sólo las dos últimas”.

“Pero de todas maneras fue una gran satisfacción, aun cuando tuvimos que desplazarnos hasta San José para la grabación del programa”, agregó Montes de Oca.

En esa ocasión Ley de Hielo también tuvo la oportunidad de acompañar a Alejandra Guzmán en tres canciones. “Y a bailar”, bromeó Velázquez.

“El nombre de Alejandra Guzmán es grande en los espectáculos, y haber actuado con ella nos permitió acceder a medios y a una proyección a los que hubiera sido difícil de otra manera”, indicó Yllescas.

Ley de Hielo también desvaneció la especulación sobre una relativa rivalidad con el grupo de rock María Fatal. “Para nada; con ellos hay buena amistad, y público de rock hay para todos los grupos”, dijeron casi al unísono los integrantes del grupo que también ha viajado este año a Chicago para promover su material.

Sobre la opinión entre gente de rock de que para un grupo el que uno de sus integrantes funja como manager es limitante. “Hasta ahora el grupo va bien. Cada uno de los tres hace su parte, se mueve para conseguir tocadas, y todo esto es a base de trabajo, no sólo se trata de subir a tocar y ya”, señaló Montes de Oca.

“Ley de Hielo ha sabido colarse a los eventos, entrar en contacto con la gente indicada para proyectarlo en distintos ámbitos, y quizá más adelante podamos darnos el lujo de un representante. Pero por ahora, y sin descuidar nuestras otras actividades laborales, siento que vamos por buen camino”, resumió Yllescas.

Su participación en las dos sesiones de la Rockinvasión 97 en el Universal Amphitheatre, que arrancan desde las cinco de la tarde, son entonces la mejor oportunidad de corroborarlo.

sábado 17 de noviembre de 2007

Divididos: neofolk y no sólo rock argentino


Ricardo Camarena

(La Opinión, 14 de diciembre de 1998)

La división hace la fuerza... rockera.

Con la muerte del rockero argentino Luca Prodan en diciembre de 1987, la banda Sumo quedó sin su líder natural, por lo que la separación resultó inevitable. Pero de esa escisión surgieron las bandas Divididos y Las Pelotas, tras medio año de inactividad de sus integrantes.

De esto hace más de la década; actualmente, la formación de Divididos es de Ricardo Mollo en la guitarra, Diego Arnedo en el bajo, y Jorge Araujo en la batería.

Haciendo un poco de historia del trío, su debut se remonta a 1988, sin mucha suerte. Tras un año y medio de tocadas en diversos bares bonaerenses editaron 40 dibujos ahí en el piso (1989), con 11 temas propios, un cover de The Doors y una adaptación de un poema de T. S. Elliot. A fines de 1991 armaron su segundo disco, Acariciando lo áspero, “de estilo funk-rock”, al decir de los entrevistados.

Durante 1992 se autoprodujeron varias presentaciones en el estadio Obras Sanitarias, de Buenos Aires, y promocionaron casi sin apoyo sus álbumes.

Para La era de la boludez (1993) mezclaron el material en Estados Unidos, con su compatriota y músico Gustavo Santaolalla como director artístico y con temas presentados en los conciertos del estadio Obras Sanitarias.

En 1993 el grupo llenó 13 veces el estadio Obras, ofreciedno largos conciertos de tres horas y de 30 temas en promedio. La era... se hallaba entonces en el primer lugar de ventas. En septiembre de 1994 Divididos se presentó ante 20 mil personas en el estadio de Velez; la discográfica les retiró el apoyo ante la negativa del grupo a que tocara como telonero el colombiano Carlos Vives (La gota fría).

En febrero de 1995 se presentaron en la explanada de ATC en un concierto gratuito que convocó a 40,000 personas. En septiembre de 1996 viajaron a Nueva York para grabar y mezclar el cuarto LP, Otro Le Travaladna. En octubre del '97 participaron del show en homenaje a los 20 años de las Madres de la Plaza de Mayo, junto a León Gieco, Las Pelotas, La Renga, Los Piojos, Todos Tus Muertos, A.N.I.M.A.L., Attaque '77 y Actitud María Marta, entre otros. En 1998, los Divididos sacan al mercado Gol de mujer.

Al respecto comentaron en su visita reciente a Los Ángeles, para participar en el concierto de la revista de rock Retila: “Desarrollando frases encontramos letras para una música nueva. Diego y yo tenemos 20 años de conocernos y cuando preparamos un disco nos gusta jugar con las palabras, mezclar anécdotas de lo cotidiano y vivencias personales; eso sí, con mucho humor”, explicó Mollo.

“Tomamos temas del rock argentino de los años 70 como Salgan al sol, atemporales en su letra, y los volvemos punk”, agregó.

Dedicados de tiempo completo a la música, Divididos han logrado mostrar su material discográfico en su natala Argentina y en Uruguay, adonde tocaron por cuatro veces consecutivas en el Teatro de Verano.

Siempre trío, sin embargo han contado con la participación de algún instrumentista en sus conciertos: ya sea un tecladista o percusionistas. “Como cuando tocamos El arriero; contratamos 24 ‘bombistas’ (ejecutantes del tambor indígena llamado bombo legüero) para dar un efecto de sonido tremendo”, expresó Mollo.

Para el baterista, que permaneció un tanto al margen de la entrevista, pertenecer desde hace cuatro años a Divididos “es una posibilidad de estar con dos personajes creativos; enriquece pertenecer a una banda de rock que no es sólo rock”.

Esto, porque manejan versiones de canciones folklóricas a ritmo de rock y blues, clásicos de esta banda, como el ya mencionado, El arriero. En cuanto a las composiciones, Mollo y Arnedo son los autores de los temas.

“Sería una especie de neofolk; no es sólo la búsqueda de raíces, de lo que hemos mamado desde niños, sino también la posibilidad de rescatarlo dejando intacta la melodía de aquello que fue y que nos formó”, agregó Arnedo.

“Al decir esto pensamos en temas del nuevo disco como el poema inédito de Atahualpa Yupanqui, Vientitos de Tucumán. Aunque en nuestro repertorio de siempre manejamos temas clásicos de Divididos como 40 dibujos ahí en el piso o Acariciando lo áspero.

Finalmente, los Divididos no dejaron de reconocer la influencia definitiva del rock y blues de los años 70, lo que se ha reflejado en los requintos de Mollo. Y eso se dejó ver en el sucesivo concierto de aniversario de Retila en el Olympic Auditorium, donde las notas potentes de El arriero fueron el plato fuerte del megaevento en el que también participaron María Fatal (Los Ángeles) y otros grupos.

domingo 11 de noviembre de 2007

María Fatal y el saber moverse (en todos los medios)


Ricardo Camarena

(La Opinión, 21 de mayo de 1997)

Uno de los grupos más consistentes dentro de las bandas locales de rock en español es María Fatal. Los cuatro integrantes han logrado consolidar un segundo CD, Pasiones, torturas y otros misterios, bajo el sello Aztlán Records, el que presentarán desde el 5 de mayo próximo, en el show de Concrete Blonde y Los Illegals, que será transmitido por la internet, y en distintos clubes y escenarios durante este mes.

Formado en 1991, y con algunos cambios de integrantes, María Fatal lo constituyen actualmente los hermanos Fernando, Ernesto y Gabriel Ramírez, y César Hernández. La banda ha mantenido una presencia constante dentro del circuito rockero latino.

Los tres hermanos son originarios del populoso barrio mexicano de Tepito y actualmente residen en Los Ángeles. Hernández, el baterista de la banda, es nacido y residente en esta ciudad californiana.

Fernando y Ernesto conversaron el lunes pasado sobre María Fatal: “Estamos enfocando toda la energía en nuestros conciertos en fechas próximas: el 18 de mayo en JC Fandango, el 22 en el Grand Avenue. Y el 25 de mayo, porque presentamos nuestro CD en el Club Dragonfly”, dijo por su parte Fernando, vocalista y letrista.

“Somos el único grupo, junto con Ley de Hielo, que no le ha parado desde su formación, en esto del rock en español”, afirmó Ernesto, el guitarrista de la banda.

El CD fue coproducido por Johnette Napolitano, exintegrante de Concrete Blonde, y Jim Mankey.

Ernesto aseguró que “nuestra permanencia en la escena local es porque nos hemos sabido mover, tanto en nuestras relaciones públicas como en nuestra música. Es decir, tienes que empezarte a mover por todos lados, inclusive en la prensa anglosajona. Y, aunque no te hagan caso, seguir insistiendo, toque y toque la puerta, hasta que te consideren”.

Ernesto prosiguió: “Musicalmente siento que gustamos a la gente, lo que nos ha permitido seguir en esto. Hemos estado trabaje y trabaje, y aunque muchas veces hemos estado a la aventura, sin saber cómo nos va a ir –a veces nos ha ido de la patada–, finalmente lo superamos, y ahora marchamos bien”.

“Es un triunfo mayor para nosotros, porque, en comparación con los grupos de rock mexicanos, ellos están más concentrados en la capital y más centralizados en cubrir la industria disquera de Latinoamérica”.

“A nosotros se nos ha hecho más difícil y por eso es doble triunfo; somos como ‘el que persevera, alcanza’, en nuestra propia ciudad”.

Ernesto contó que María Fatal salió de gira a Chicago, “por un accidente de motocicleta que tuvo uno de los integrantes de otro grupo, por lo cual cancelaron, y entonces fuimos a ‘rifárnosla’ con un público difícil”.

Fernando lo catalogó en ese entonces como “un público violento, que nos recibió aventándonos los vasos y los trozos de hielo, por ser un grupo desconocido allá”.

Los hermanos Ramírez prosiguieron refiriendo que “sin embargo, en el transcurso del set, nos la jugamos, pensando: ‘o empeora, o mejora’. Y lo que pasó fue que los prendimos, y tocamos inclusive tres piezas más”, dijo Ernesto.

Fernando agregó sobre la experiencia en aquel foro: “En esa ocasión pasamos el día más horrible y el más glorioso de nuestra vida. Porque de casi echarnos del escenario, quedaron al final pidiendo ‘otra, otra’”.

“Ya la segunda vez que fuimos, consolidamos el éxito del primer concierto, y de allí siguió Nueva York, donde nos fue mejor, por lo menos, que al grupo local favorito”.

Fernando, susceptible a las críticas en el ámbito rockero, aclaró: “Nos han dicho que somos un grupo ‘inflado’ y que nos hemos echado ‘autoporras’. La verdad, aunque participamos en el inicio de la revista La Banda Elástica, y fue nuestra herramienta de promoción desde hace tiempo, decidimos deslindamos de ella para no generar favoritismo. Aunque Emilio Morales, que ahora la dirige, estuvo en María Fatal, llegó un momento en que ya no tuvo tiempo para el grupo, y el grupo a su vez, para la revista”. Pero tanto Morales como su compañera María Madrigal tienen presencia en esta producción discográfica, a través del diseño artístico y las fotografias del álbum.

“Y para que la reseña de este CD sea completamente imparcial, se le mandó el disco a Guadalajara al encargado de hacerla para la revista”, comentó Ernesto.

“En recientes entrevistas nos hemos dedicado a defendernos de las críticas surgidas de la envidia: que si María Fatal ya se vendió por tocar en ‘Big Top Locos’, o con Alejandra Guzmán, o en Padrísimo, La hora lunática o Los Ángeles al día. No captan nuestros críticos que se trata de espacios ganados para el rock en español, y no de venderse”.

El chisme corre, y corroe.

Ambos aseguraron respetar las decisiones individuales dentro del grupo a pesar del parentesco, dándole su lugar al tecladista Hernández: “A César lo conocemos desde el college, hace 10 años. Él ya estaba, antes de María Fatal, con nosotros, en el grupo Rebelde, alternando con Beatriz Adriana, con la Sonora Dinamita, Los Alegres de Terán”, agregaron. “Y de él fue la idea de hacer un grupo de rock”.

Por otro lado, Antes que es el sencillo que María Fatal promueve.

“El primer CD es un producto de la libertad que nos dieron para experimentar con la música”, indicó Ernesto. “Si comparas ambos discos, los hallarás diferentes, pero dirás: ‘Esto sigue siendo María Fatal’. En el CD hay tres o cuatro canciones que habíamos incluido en el demo que hicimos, entre 1991 y 1992”.

“Los temas de nuestras canciones, Silicón, El Diablo, Sádico Oscuro, expresan exclusivamente lo que ocurre en nuestra ciudad, a sin pretender mezclar circunstancialmente temas como Chiapas”.

Aunque aclararon que Una daga en tu sien podría ser una metáfora de una rendición de cuentas de exgobernantes mexicanos, como Carlos Salinas.

“El rock local es muy diferente del que viene de México; acá hay la oportunidad de aprovechar la fusión de culturas, de ritmos muy originales”, indicó Ernesto.

Fernando agregó que “nosotros aquí estamos más expuestos a todo eso, mientras en México los grupos siguen intentando parecerse a los grupos estadounidenses”.

Con reconocimientos reiterados, durante tres años consecutivos, de la revista de rock que fundaron como “mejor grupo local”, María Fatal tiene entonces este mes la oportunidad de demostrarlo en los clubes mencionados.

Si no, en verdad sería fatal. Y no nada más para María.

Los Fabulosos Cadillacs: una apertura musical


Ricardo Camarena

(La Opinión, 3 de septiembre de 1999)

Con lejano aire de zombies, algunos de los ocho integrantes del grupo argentino de rock Los Fabulosos Cadillacs deambulan por los pasillos del lobby del hotel sobre Hollywood Boulevard, adonde serían entrevistados.

Otro de estos músicos apremia a su compañero de grupo para ir a tatuarse nuevamente el hombro, sin mayor preocupación por la espera de reporteros y fotógrafos. Se la perdió.

Otros desayunan con la mayor indiferencia, y el baterista, Fernando Ricciardi, se escabulle de los medios; sus compañeros argumentan su nerviosismo porque está a punto de ser padre en Argentina. “La que va a parir es su mujer; ella es la que debe estar nerviosa por allá”, susurra molesto un fotógrafo ante la relativa desorganización.

El bajista del grupo, Flavio Oscar Giancirulo, a.k.a. “Sr. Flavio”, también será padre por estas fechas, pero al parecer dominó su nerviosismo.

Por fin, dos de ellos son atrapados en ayunas para informar más acerca de la gira Fabulosos Calavera, así como de su más reciente disco con ese nombre.

La charla se enfila a los resultados de su par de conciertos en House of Blues a mediados de agosto: “Fue un show bastante caliente. Sobre todo el del domingo 17, en que la gente estuvo más enloquecida”, dice Fernando Albareda, el trombonista.

“El repertorio de estos shows fue un compendio de todos los álbumes y todas las épocas de Los Fabulosos Cadillacs, no sólo de Matador o de Fabulosos Calavera, comenta Daniel Lozano, trombonista y trompetista. Y agrega que “fue de alguna manera presentar nuestro nuevo disco y familiarizarnos con estos nuevos temas en vivo”.

Acerca de su reciente participación en la gira Rockinvasión 97 en junio y julio, comenta que el que se hayan podido presentar en este concierto colectivo es resultado de la labor que han desarrollado desde hace 10 años.

“Los otros conciertos de la Rockinvasión, en Miami, Chicago y Nueva York, fueron también positivos, y una oportunidad de tocar con grupos diversos, como Aterciopelados, Maldita Vecindad y La Unión, así como con bandas locales. Aunque creo que musicalmente teníamos más que ver con Aterciopelados y con Maldita”, asegura Albareda.

Por su parte, Lozano agrega que “la gira no fue algo exclusivo de los Cadillacs, sino una cuestión comunitaria; tuvo algo de viaje de fin de cursos”.

“Es muy difícil medir cuál de nuestras visitas a Los Ángeles ha sido la más productiva, porque han sido diferentes momentos y diferentes materiales de nuestros álbumes los que hemos traído. Y la intensidad de cada presentación creo que depende de una cosa bastante íntima de la banda. Creo que todas las veces que hemos venido han sido importantes”, indica Lozano mientras el sorbo de café cierra su frase.

Dentro del nuevo material el primer corte, El muerto es el tema que promocionan LFC. En una diversidad de temas, destaca un guaguancó de la coautoría y voz de Rubén Blades, Hoy lloré canción.

Lozano señala que “hablar del concepto del disco es muy difícil, porque es una apertura musical. Y el no tener ciertas barreras que antes había, como que logró rebasar un par de cosas, como el tema compositivo, armónico. Pero no creo que sea más o menos complicado, sino que se encaró de distinta manera”.

“Hay muchos temas que son bailables (Hoy lloré canción), pero hay otros que se tocan con cierta sutileza (como A Amigo J.V.). Alguna muestran una tendencia mayor al jazz, también son para ‘envío’ pero son para otro clima”, indica.

“La participación de la sección de metales es impresionante, pero creo que todos los instrumentos tienen su momento de brillo en el disco. Es muy variado a nivel de estilos, y creo que a la vez no los respetamos. Tomamos lo que queremos de los estilos y lo llevamos hacia el lado que queremos”, puntualiza Albareda.

“La idea no es ser purista en el estilo, sino divertirse” aclara de plano. “Fabulosos Calavera llevó todo el verano armarlo, quizá unos tres o cuatro meses antes, y después, grabarlo, un mes, entre abril y mayo de 1997”.

“A fin de año, si Dios quiere y todo sale bien, tenemos pendiente una gira por Estados Unidos al lado del grupo Fishbone, pero antes, si las cosas se dan, estaremos yendo para México. Llegar a tocar a México, de alguna forma, es acercarse a Los Ángeles”, informa Lozano.

Los Fabulosos Cadillacs son, además de los mencionados y entrevistados, Gabriel Fernández Capello –a.k.a. “Vicentico”– en la voz, Gerardo Rotblat, percusiones, Ariel Minimal, guitarras eléctricas, Mario Siperman, teclados, Aníbal Rigozzi, guitarra y coros, Sergio Rotman en sax tenor y barítono, y Américo Belloto en la trompeta.

sábado 10 de noviembre de 2007

La Reconquista según Guevara


Ricardo Camarena

(La Opinión, 13 de mayo de 1997)

Para este delgado músico y promotor de rock nacido en 1942 en Los Angeles, esto se ha convertido en una empresa debida, en una empresa de vida.

Entrevistado el lunes a mediodía en su oficina de Los Angeles Theatre Center, Rubén Ladrón de Guevara, a.ka. “Funkáhuatl”, comenta sobre su ascendencia mexicana, su shock cultural como chicano cuando residió en México y las propuestas sociopolíticas que él halla en el género musical en el que ha participado permanentemente: el rock angelino.

Lo anterior es avalado, entre otras actividades y militancias, por el par de discos que a mediados y finales de la década de los años 60 le produjo Frank Zappa, pasados ya los tiempos en que el grupo Cannibal & The Headhunters “teloneó” el concierto de The Beatles en 1964, y de que la banda de Guevara se presentara con éxito en el Mountain Los Angeles Stadium, en El Monte.

Guevara proviene de la escuela de músicos angelinos que se formó en East Los Angeles, cuando todas las miradas y las orejas estaban orientadas, paradójicamente, hacia las colinas del oeste: Hollywood. El apogeo del rock de entonces se daba con The Birds, The Doors; sin embargo, el lado este de la ciudad también tenía una labor en el campo de la música irreverente.

“Esto motivó a Zappa” cuenta Guevara, “a proseguir la experimentación musical que acostumbraba, invitando a grabar a mi banda, Rubén & The Jets. Antes, ya había comandado la banda Apollo Brothers, y compuesto canciones y música.En ese entonces experimentaba yo lo que llamé ‘teatro conceptual’, que incluía danzantes y músicos de rock, en un espectáculo denominando Who are the people. Era un estilo de cantata rock, con reminiscencias de gospel, que mostraba mucha de la labor musical que se estaba realizando del otro lado del río Los Angeles, y que las grandes compañías disqueras estadounidenses desconocían”.

Durante algún tiempo, Guevara armó la banda Con Safos. “El nombre proviene del término “zafar”, propio del chicano style y que en la simbología del graffitti de esta comunidad se marca en los muros como epígrafe: C/F, para indicar solidaridad.

Guevara también fue productor de los conciertos The Eastside Revue, en 1983 y 1984. “Me encargué también en ese tiempo de coordinar la compilación de A History of Latino Rock: The Eastside Sound; 1956-1965; Best of Three Midniters, y Los Angelinos: The Eastside Renaissance, para el entonces incipiente sello Rhino/Zyanya", agrega.

“La selección de los grupos y canciones del CD compilatorio Reconquista: The Latin Rock Invation obedeció fundamentalmente a cuestiones de presencia de las bandas en el medio, en revistas y conciertos, así como por el mensaje socciopolítico de sus letras”, aclaró Guevara. “No es el idioma español lo privativo, porque aparece incorporado Negu Gurriak, grupo del País Vasco. Ni americano, porque también entraron los españoles Seguridad Social, Mano Negra (ya disuelto) y otros”, aclara.

Con una marcada influencia de la ideología chicana, Guevara cree firmemente en la autoafirmación de esta comunidad a través del deslinde con los orígenes mexicanos y la preeminencia, en el campo cultural, de un rock “angelino”, donde confluyan las diversas propuestas artísticas de las generaciones de inmigrantes que conforman Los Angeles.

Alejandra Guzmán: Cambio de piel... y de suerte





















Ricardo Camarena

(La Opinión, 19 de noviembre de 1998)

Sorteó una por una las preguntas directas acerca de los problemas que la han rodeado recientemente que han sido material constante de los medios noticiosos de la farándula (el fallido secuestro de su hija, el suicidio de su chofer en su propia casa y el encarcelamiento de su esposo Farell Goodman en Alemania bajo cargos de narcotráfico). Era Alejandra Guzmán respondiendo a éstas y otras inquisiciones acerca de su actividad artística, en reciente rueda de prensa.

Afirmó: “Quiero aclarar que toda mi vida he tenido un trabajo legal; he sido siempre una persona muy honesta, muy sincera, y que deseo que todo lo que me está sucediendo me deje de afectar, porque no sólo soy yo, sino mi familia, es mi hija, mi reputación, es mi vida; y creo que no es justo, aunque creo que fue un error casarme con una gente que no conocía. Se me está acusando de cosas que no tengo por qué asumir”.

Y añadió que “aquella persona [Goodman] ha querido involucrar a Angel Flores, a quien le presenté en mi casa en una cena, con motivo de la exhibición de un video musical que realicé en la compañía fílmica de Flores, que es a lo que se dedica. Fue la única vez que lo conoció. Quizá por ello es que lo acusa ese señor [Goodman] de cabecilla del narcotráfico, y de haberle encargado la droga que se le encontró en Alemania. Pero me consta que Flores es una persona totalmente natural, normal; es vegetariano y una de las personas más sanas que conozco, y si desmiento a la otra persona [Goodman] es porque no tengo nada que temer porque lo que digo es la verdad”.

Para el público más al pendiente de su carrera que de las especulaciones policiacas, Guzmán dijo llevar 10 años como cantante; “estoy contenta de eso y de la temporada teatral del musical Gipsy con mi mamá, Silvia Pinal. Es otra faceta en mi carrera, porque el teatro musical es muy fuerte, es difícil, es una disciplina que desde los 17 años no había vuelto a hacer. Pero me di cuenta con esto de que he crecido como artista, por la seguridad que tuve al hacer un papel artístico con gente a nivel de mi madre; tuve trabajo y supe llevarlo adelante”.

Dijo sentirse sobrepuesta al infortunio de que su amigo Carlos Fonseca se haya suicidado, pero Guzmán reconoció que el hecho la deprimió, así como también el que hayan querido secuestrar a su niña, a lo que se agrega su trámite de divorcio. “Pero he descubierto ahora que lo que no te mata, te fortalece”, expresó quien ahora dijo recibir el apoyo sentimental de Mauricio “N”, “con quien ni digo que me voy a casar porque ni siquiera estoy divorciada. No es del medio artístico pero con tanta persecución periodística ya parece que sí”, bromeó.

Agregó que la forma para sobrellevar estas involuntarias adversidades es “no creérmelo todo, ni a toda la gente. Soy demasiado… ¿ingenua? No, para nada”, rió con todos los presentes. Y repuso: “Incauta tal vez, soy de la gente que cree que se puede uno casar por amor, sin interés. Porque tengo mi ‘lana’, así que no es por allí. No juzgo a nadie, pero no voy a dejar de ser lo que soy, porque si no me digo ¿a qué voy en la vida, si dejo de hacer lo que me gusta?”.

“Para salir de todo esta adversidad “me he agarrado del corazón, de mi hija Frida Sofía, de mi trabajo artístico. Es una catarsis, pero funciona. Lo profesional lo mamas; se tiene, es una disciplina. Es una manera de ser. Pero si no fuera profesional estaría yo en la tumba o yo qué sé”, exclamó.

Guzmán dijo completar una gira por Estados Unidos promoviendo el álbum compilatorio de sus éxitos ‘La Guzmán’, grabado en el estado mexicano caribeño de Quintana Roo.

“Este disco es importante para mí porque es el único que tengo grabado en vivo. Es importante para una artista la remembranza de los éxitos que ha tenido, y poderlos agrupar en un solo material es excelente”, expresó, y agregó que en él participaron músicos que han tocado con Prince y con Shaka Khan.

Dijo que en las presentaciones que lleva a cabo en esta serie de conciertos en los clubes JC Fandango y House of Blues, “traigo un espectáculo nuevo de performers, con plenitud de expresión corporal. Hay efectos especiales, personajes, fantasía, y a mí me gusta mucho porque empieza muy tranquilo y luego ya estalla con la música y las luces, con rock en vivo”. Tiene planeado llevarlo de Los Ángeles a Boston, Chicago, Atlanta, Dallas y otras ciudades de este país.

Por otro lado, dijo que entrará a grabar un nuevo álbum para enero o febrero. “Lo último que he compuesto, mío, fue junto con mi hermano Luis Enrique, fue una canción, Vive una vez, para un álbum compilado para la lucha contra el sida. Hice el video de él con Angel Flores y se proyectará por MTV Latino. En el disco participan artistas como Tania Libertad, Betsy Pecanins, Stephanie Salas, el grupo Kaz. No ha sido promocionado y me dio mucho coraje porque en México hubo alguna censura no por mi tema, sino porque alguien considera que su contenido es inconveniente. Es una pena, porque los fondos recaudados servirían para ayudar a gente que se está muriendo”.

Finalmente, agregó que “me urge sin embargo grabar nuevas canciones para sacar de alguna manera todas estas broncas de las que ni culpa he tenido. Siento que estoy en el momento justo para grabar, porque el blues se hace del sufrimiento. Porque, aunque di un giro al pop con Cambio de piel ¡y caramba, el triste disco la verdad no se vendió! Espero seguir en esta línea de los ritmos que traigo en la sangre por mi papá, Enrique Guzmán: el blues y el rocanrol”.

domingo 4 de noviembre de 2007

Reventón de superestrellas


Ricardo Camarena

(La Opinión, 5 de mayo de 1999)


El segundo Reventón SuperEstrella, organizado por la estación radiofónica angelina del mismo nombre, permitió al Arrowhead Pond de Anaheim convertirse en un gigantesco club de rock pop en español la tarde y noche del sábado pasado.

Al principio del evento, los letreros en las pantallas gigantes de vídeo reproducían la consigna con todo y faltas de ortografía “La legenda sigue por segunda ves”, por sobre las cabezas de casi un tercio de la asistencia, que llegaría a abarrotar el recinto más tarde.

Con una puntualidad cronométrica, mejor que la del público, a las cinco de la tarde la banda local de rock Materia Gris tuvo sólo una pero bien lograda oportunidad de representar a Los Ángeles musicalmente.

El grupo de cinco elementos y dos músicos invitados dejó rápidamente el espacio para la banda regiomontana El Gran Silencio.

Aun cuando dispuso de más tiempo, como para tres canciones, el grupo desperdició –tras una sabrosona cumbia punk– cinco valiosos minutos con su versión errática a Lo que un día fue no será, la balada que hiciera famosa José José.

Pero la coda a todo punk volvió las aguas al cauce y el público asimiló la situación, poniendo ambiente con gritos y aplausos

Repuestos del susto, los músicos ofrecieron una arrabalera Dormir soñando, que con su corte ranchero y rapero prendió ánimos.

El público seguía en aumento.

Tocó a la adolescente mexicana Litzy debutar en Los Ángeles con un breve repertorio de música dance. Vestida de blanco, con un atuendo en la cabeza que cubría su larga cabellera, la bella exintegrante del grupo Jeans se acompañó en sus interpretaciones por un cuadro de bailarines.

A las seis de la tarde tocó el turno a la texana Chris Pérez Band, comandada por el joven guitarrista y esposo que fue de la cantante Selena. Ofreció un breve set de canciones de rock y pop que fue del agrado de la concurrencia, que casi llenaba el recinto.

Pero aún faltaba lo mejor.

El vocalista español Javier, que cobró inicial notoriedad en la farándula por asumirse como hijo putativo del también cantante Julio Iglesias, puso en aumento la algarabía del público –en su mayoría joven y femenino– con cuatro baladas, acompañado de dos atractivas coristas y una banda de cuatro elementos. Tiembla mi piel fue de las más aplaudidas.

En un intervalo, “El Pato”, Mariana y “El Diablito” –los locutores matutinos de la estación Super Estrella– armaron un sketch con gracejos, simulando el arresto de Gloria Trevi (Mariana) por dos oficiales de la policía.

La parte estelar inició ya con el Arrowhead Pond lleno, excepto las gradas detrás del escenario. Fue Mikel Erentxun, exvocalista del grupo español Duncan Dhu, el encargado de acentuar el aire de rock y pop que la audiencia disfrutó durante media hora.

Con su guitarra acústica al hombro, Erentxun y su banda hicieron corear sus temas a la audiencia de pie. Un momento memorable fue la interpretación del éxito En algún lugar, por allí de las siete de la noche.

Pero indudablemente el merengue se impuso en cuanto al ambiente en el reventón. Elvis Crespo y su cuadro de bailarines, formado por tres parejas, puso a menearse a miles de caderas en las gradas, y a palmear a los más pudibundos.

Con su voz nasalizada y famosos estribillos, Píntame, Suavemente, etcétera, reiterados bajo una pista musical, el Bob Dylan del merengue a todo volumen llevó al delirio a las concurrentes, que se contoneaban en todos los niveles del recinto. Fue media hora de ritmo caliente, ininterrumpido, que culminó, como paradoja, con Suavemente.

El cuarteto de cantantes y bailarines puertorriqueños MDO dio otro rubro a los ritmos modernos, que agradó a la concurrencia. Fue otra media hora de meneos y coros juveniles, en comunión con los cuatro artistas que lucieron sus pasos de baile hasta empaparse de sudor.

A las nueve de la noche se presentó la cantante mexicana Fey, acompañada como es costumbre con siete bailarines. Aun cuando fue artista estelar, ni con Mi media naranja ni con Muévelo logró volver a poner de pie al público joven agotado de merengue y dance, que sin embargo coreó las interpretaciones cómodamente sentado.

Al correrse parte de la pista musical de una de las canciones, el abucheo no se hizo esperar; Fey sorteó la falla técnica al interpretar una balada con acompañamiento de guitarra.

Un joven y una chiquilla lograron subir al escenario para abrazar a la artista; la joven llegó a interrumpir la interpretación de Fey y consiguió no ser desalojada por el personal de seguridad, abrazándose desesperadamente a la artista. A petición de ésta, la fanática pudo permanecer junto a ella y retratarla hasta el final de la canción.

Ni tú ni nadie y Azúcar amargo fueron los temas de despedida de Fey.

El cuarteto de vocalistas masculinos Proyecto Uno, acompañado de un grupo de seis elementos, presentó uno de los más largos sets de canciones–40 minutos– cuya pieza estelar fue la del famoso estribillo “sigue, sigue, no pares, sigue sigue”.

La gente hizo ambiente a su modo, pero el reventón declinaba por allí de las diez y media de la noche, a pesar de la estridencia.

Pero pocos se retiraron; la mayoría aguardaba al cantante boloñés Nek, que se presentó en seguida con un correcto “¡Ciao!” de bienvenida, que muchos usan para despedirse.

Con camisa blanca y buenos músicos de balada pop inclinados al rock –en particular los guitarristas con sus requintos– Nek interpretó las melodías que el público suele oír cotidianamente en la estación organizadora del evento.

No preguntes por qué, Su tal vez, su quizá, mantuvieron al público coreando y aplaudiendo a Nek. Una de las pantallas gigantes de plano “reventó” y la señal de vídeo se distorsionó, pero el concierto siguió su exitosa recta final, justamente a las 11 de la noche, cuando Laura no está, Laura se fue recordó al público que se tenía que ir.

Avalancha de Tacubos


Ricardo Camarena

(La Opinión, 29 de julio de 1997)

Son las 7:30 de la noche del lunes en el club House of Blues, por los rumbos de West Hollywood, y la banda está más al pendiente del foro que un patrullero al freeway. Pero la colcha de viejita que es el telón del lugar permanece inmóvil, como burócrata en ventanilla.

Son las 8:00, las 8:15 y el concierto no inicia. Nerviosos clavadistas y slameros son picados en la cresta por el DJ al ritmo de Solín, con el anuncio de los próximos tres conciertos de Maldita Vecindad.

“Malditos tacubos, ya salgan!” grita al amparo de la penumbra una exasperada joven con cara de haber sido otrora el mejor promedio de su escuela. Pero los conjurados, ni sus luces. Dándose a desear.

Por fin, las 8:22 p.m. y como transformer (diría después Lafit Benítez, PR de BMG) House of Blues despliega las alas-tapancos y una prendidísima No controles sacude la memoria de las tres niñas de Flans, ahora felizmente casadas.

Rubén-Juan-Cosme-Re-Anónimo, Quique y Joselo Rangel, y Emmanuel del Real, se plantan ante la multitud con la serenidad de quien está frente al diario plato de cereal. Y Anónimo estalla en epilepsia rancherona, la que repite en la taconera Ingrata, así como en su solitaria ronda de slam; a salvo, claro, de la espeluznante ronda que se organiza enfrente suyo.

Y comienza el pandemonium para beneplácito de quiroprácticos y ortopedistas. Los cuerpos se asaltan, merodeándose; se atropellan al igual que si estuvieran en el Metro Tacuba, estación del ferrocarril subterráneo de la ciudad de México que da nombre a esta canción de los Tacubos.

Congruentemente, Anónimo también atropella la letra inaudible, con voz desgarrada y perdida en la maleza de su bigote decimonónico y barba puntiaguda.

Emmanuel abandona de momento la guitarra de las primeras piezas y trepa adonde la melódica y el templete de teclados lo esclavizará hasta el final del concierto.

Joselo Rangel saca todos los sonidos y disonancias posibles al contrabajo electrónico, ronco como los alaridos coreados de sus comparsas allá abajo, donde el sudor aceita los cuerpos para las rondas de slam.

Y la avalancha de homenajes prosigue: ahora Sergio Arau y los disueltos Botellos de Jerez son homenajeados con Alármala de tos. Si está o no en el soundtrack del filme Batman and Robin ¿ya a quién le interesa?

Versátiles como político disidente, los Tacubos desgranan lo mismo un tema punkero que un huapango zapateado, globalizados, irrefrenables. Traicionan los géneros, los abandonan a la menor provocación y así Las batallas se codean con Rarotonga sin que nadie se desgarre las vestiduras.

Llega un momento etéreo con María, la colega de generación de la Maldita y bendita Kumbala, y la crecida marea cachonda de jóvenes se mece en suave vaivén.

Algunos necios intrépidos intentan surfear de un clavado este oleaje, y encallan grotescamente en los zapatos tenis de la concurrencia, o se estrellan en los puños macizos de los gorilas de seguridad, vitoreados gladiadores de cada clavadista femenino o masculino avasallado.

Incólumes al sacrificio de huesos crujiendo, los cuatro hijos de Ciudad Satélite prosiguen como payasito su show en fiesta de kindergarden. y como truco, se sacan del bolsillo y la penumbra al músico invitado Alejandro Flores.

Este “Mijares del holocausto” destripa un violín con diabólicos trinos paganinianos country-rockeros, hasta que halla el tono y se arrebata en un huapango-fusión de merengue: Ojalá que llueva café, homenaje al dominicano Juan Luis Guerra, mientras los strobos con su intermitencia aletargan el meneo enloquecido.

El puñal del corazón vuelve “rumberas” a tres de los Tacubos a ritmo de mambo punkero, al corito-meneíto de “ya no puedo más”.

Apoteósicos, los chapulines en comal caliente en que se han convertido los muchachos frente al escenario rebotan hasta con su sombra.

Las incursiones al foro no prosperan sino hasta que un anónimo prospecto de pirata (con calavera en la espalda y toda la cosa) burla a los macizos guardianes y bailotea al lado del otro Anónimo; es decir, el famoso vocalista, hasta que el intruso es echado del escenario. En buen español, “pintó su calavera”.

Y por fin, después de decidir arduamente entre una melodía de Los Bukis y otra de Los Temerarios, Anónimo entona el himno nacional tacubano, con letra cortesía de Juan Jaime López Camacho: Chilanga banda, chasqueando chévere con los chavos su chistoso trabalenguas.

La tocada prosigue en la desmesura de la letra estereotípica de La chica banda, de Ricky Luis; la historia lírica de la “joven de pelos parados como un penacho, de piel morena, chichimeca” que, según la letra acomodaticia y depende del lugar, “es enamorada durante un concierto (esta vez) de Pastilla”.

Mientras, abajo del proscenio, el furor es sello común en la concurrencia. En su vigésimo intento, un clavadista de saco cebrado ve cebado su intento y maromas por ser lanzado al foro.

A las 9:45 huyen los Tacubos por primera vez. La banda pide justicia. Regresan todos, excepto Anónimo, y el trío, con Emmanuel, que retoma la guitarra eléctrica, acribilla yunques y martillos hasta sangrarlos de cerilla con por lo menos tres minutos de una metralla de sonido punkero.

Después del recuento de los daños, Anónimo vuelve a integrarse para hacer corear a “macizos” y “fresas”, “pesados” y “lights” los estribillos francamente cursis de Cómo te extraño, mi amor “¿por qué será? Me falta todo en la vida si no estás. Cómo te extraño, mi amor ¿qué puedo hacer? Te extraño tanto, que voy a enloquecer...”.

“Ay, amooor, diviiinooo...”, responde plañidera la banda a esta versión de la clásica popera de Leo Dan.

Cierra la tocada la pieza con la que Café Tacuba participa en el compilado Juntos por Chiapas, mientras, encaramado en el también clásico gigantón de las tocadas, un joven porta la camiseta negra con la leyenda “Zapata. Chiapas. La Causa”.

Y a las 10:00 p.m. todo es historia. Ya sólo se ve en las escaleras exteriores de la casona a un Sergio Arau y señora colándose al after party de esta segunda y última presentación de Café Tacuba.

Y los cuelan.

viernes 2 de noviembre de 2007

Carlos Varela: Hombre en la Luna... Park


Ricardo Camarena

(La Opinión, 4 de octubre de 1998)

Ante poco más de una veintena de personas el cantautor cubano Carlos Varela presentó una docena de sus canciones en el primero de sus recitales unplugged el viernes por la noche en uno de los salones del club Luna Park de West Hollywood.

La evidente falta de una promoción adecuada de la presencia de Varela en Los Angeles privó a muchas más personas de escuchar los temas que en cuatro discos ha grabado Varela.

Visiblemente molesto, inició la velada pidiendo a los circunstantes acercarse al pequeño foro iluminado tenuemente, asunto que no dejó de reiterar entre canciones con expresiones entre irónicas y de humor como “yo también miré el calendario de eventos y ni yo quería venir”.

Robinson fue el tema que dio paso a una voz ronca, entonada bajo los acordes de guitarra acústica más usuales del soft rock de los años 60, en un estilo muy cercano al del trovador Silvio Rodríguez, al de Bob Dylan en español y al del malogrado trovero mexicano Rockdrigo González.

La letra de Los muros y las puertas dio aire de poesía a los temas de un robusto cantor isleño, vestido totalmente de negro, con altos botines y con un paliacate del mismo color anudado a la cabeza que lucía una larga cabellera.

Con largas dedicatorias explicativas, traducidas al público al inglés por Laurie Ann Schag, Varela preludiaba con pacientes afinaciones de su guitarras y algunos acordes el contenido de la letra de una bella pieza, Círculos y tizas. una alegoría del juego infantil de piso en el que hay una declaratoria de guerra entre los niños, cada uno de los cuales representaba un país.

Así, con el estribillo “Cuba declara la guerra en contra de…” Varela cantó al desaliento generacional de los jóvenes como él, que tuvieron dos maneras de perder amigos: en Africa (Angola) y los que escaparon de la isla por mar, al norte.

Una de las canciones más aplaudidas fue sin duda Lucas y Lucía, que refería precisamente el mismo asunto del exilio cubano a Miami. Memorias fue un inventario poético de Varela, dedicado al fallecido cineasta Tomás Gutiérrez Alea, creador de la controversial cinta Fresa y chocolate y amigo personal del cantor.

Ya en calor, Varela bromeó sobre su gira estadounidense; “yo tengo una banda” decía señalando al vacío tras de sí, y refiriendo constantemente que suele acompañarse de cuatro músicos, “pero no hay visa para tantos”, dijo jocosamemnte con el peculiar acento cubano.

El recital prosiguió con una canción dedicada al conocido sonero Miguel Matamoros, autor del Son de la loma y Lágrimas negras. Varela retomó algunos de los versos para dar una versión “pop” del tema y armar su canción homenaje Como los peces.

El blues del boxeador fue también un sentido homenaje de barrio por parte de Varela a un célebre púgil isleño, que de la gloria mundial efímera de un campeonato pasó al anonimato y al alcoholismo al destrozar sus puños en la que fue su última pelea a los 24 años de edad.

Foto de familia permitió al trovador rockero mostrar el desasosiego generacional de la juventud cubana, su escepticismo del futuro y el fracaso del sistema social. Una canción intensa, poética y eslabonada al tedio vital y la heterodoxia simbolizada en la religión como un gancho Colgando del cielo.

Hubo una participación del público coreando el estribillo “si la mentira se disfraza como la verdad/ Dios sigue siendo un anzuelo”.

La parábola invertida de la clásica leyenda de Guillermo Tell fue otro de los temas exitosos de Varela, pero en definitiva la canción que dedicó indistintamente a Celia Cruz y a Silvio Rodríguez.

Ideologías aparte, porque para eso todos corearon guajiros y felices La política no cabe en la azucarera. Varela aprovechó para abogar no sólo por la presencia de músicos estadounidenses en la isla, sino, como en el caso de él, a la viceversa. Y estrenó una canción aún sin nombre.

La velada cerró, pasada la medianoche, con una de sus más logradas composiciones, Habáname: “Mi padre dejó su tierra, y cuando al Morro llegó, La Habana le abrió las piernas y de allí nací yo”.

El deseo de que el domingo la asistencia al segundo recital mejorara flotaba en el ambiente.

Skarnales: Rockorridos


Ricardo Camarena

(La Opinión, 27 de julio de 1997)

Los “Vatos Rudos” del grupo Skarnales se descolgaron nuevamente a Los Angeles desde su nativa Houston para promover su CD bajo el sello Pinche Flojo Records.

Sin presupuesto, con una dieta canija a puras 99 cents hamburgers, el vocalista Felipe Galván, José Rodríguez en la de seis cuerdas, Josué Castillón Mares en los blanquinegros, Alberto Garza al sax, Joey González en la trompeta, Adán (ha de ser el original, porque no tiene apellido) también al sax, Benny Tamayo en las cacerolas tundidas y Ralph Hernández al bajo, están tundiéndole al rockabilly, reggae y sobre todo al ska-punk bilingüe y en spanglish, en cuanto antro se les atraviese: Las Pampas (Enigmatus), Dragonfly, J.C. Fandango, el festival en Whittier Narrows.

Se les recuerda soberbios en los suburbios de Lincoln Heights el año pasado (1996) en el festival de rock en español Guateque III, armando su set con esa memorable sección de metales templadísimos (ojo, Chencha Berrinches, con la afinación).

Se les sabe incluidos en el compilado Los Punkeros de Aztlán Records, “pero con la canción Normal, no con Pinche Flojo”, aclara Galván en entrevista “al pastor” en la redacción de este diario.

Acompañado de González y Castillón, Galván resume la historia de su agrupación musical. “Tres de nosotros empezamos tocando punk rock desde 1993; luego el primo de Rodríguez, el guitarrista, entró con su ska y punk, y después fuimos influenciados por el rockabilly, y con diferentes estilos, fuimos evolucionando y aumentando los integrantes, hasta los ocho “vatos rudos” que formamos actualmente Skarnales”.

Skarnales también aporta recientemente James Bond (Se la come) en otro CD compilatorio: Scene? What Scene? (Pinche Flojo Records, 1997), junto a grupos texanos como Las Olas, Fixed Idea, Superzero, Ozium y otros grupos de Texaztlan.

El panorama para los grupos en español en Houston no es muy favorable a nivel de clubes, “porque nosotros no queremos tocar covers de Maná ni de rock, que es lo que nos piden, sino lo nuestro”, comenta Galván. La Gracia de Inez, Mosca, Seres Ocultos, Skarnales y otros grupos, tienen que empezar a tocar en lugares ‘anglos’, “porque allá hay mucha política: tocas en español y no te pagan, o te quieren pagar menos”, agrega.

Castillón comenta que Galván “tiene una revista bilingüe, Los Skarnales, con artículos sobre rock, cultura y cine, y como soy diseñador gráfico, en ese aspecto no gastamos mucho dinero, para poder seguirla haciendo junto con las grabaciones”.

Por su parte, González, que no habla español, comenta que él se hace cargo de la trompeta “y las cervezas”. Participa en los arreglos de la horn section de Demasiado tarde y James Bond... Además reconoce la influencia básica de Herb Alpert.

Los tres Skarnales –los otros cinco no cupieron en el carrito– pretenden un recorrido por San José, San Francisco, y demás santoral de ciudades de la Costa Oeste.

!Orale, ése!

El vértigo de La Ley


RICARDO CAMARENA

REDACTOR DE ESPECTÁCULOS

(La Opinión, 21 de abril de 1998)

“Lo bueno es que con este grupo no se echa slam”, decía optimista un fan esteangelino a su pareja, boleto en mano y en la hilera de cateo para entrar a House of Blues la noche del jueves pasado.

Se equivocó, aunque adentro, el lapso de espera del concierto tenía la serenidad de un coctel de inauguración de un pintor novato.

En uno de los mejores conciertos en lo que va del año, el cuarteto chileno de rock La Ley colmó el recinto del boulevard Sunset con los más violentos slameros, a pesar de los pronósticos de que concurriría un público más bien ‘fresa’; o sea, de gustos más cercanos a Maná que a Marylin Manson.

El concierto arrancó con un potente despliegue de luces y sonido, cámara de humo y un receptáculo plástico en forma oval, de donde emergió Cuevas, coronado al igual que el resto del grupo con un casco de luces sacado de la utilería de ciencia ficción.

El despegue enardeció a una multitud caldeada previamente por una pelea a puñetazo limpio entre dos jovencitas, que no pasó a mayores. El toque latino lo pusieron jóvenes compatriotas del grupo, que izaron pequeñas banderas de Chile, esquivando los proyectiles humanos que detrás de ellos se lanzaban inmisericordes.

Iluminado por los destellos de una espléndida, hermosa batería platinada, como aureola, con todos los herrajes y tambores necesarios para imprimirle la potencia necesaria a las vocalizaciones de Alberto Cuevas, Mauricio Clavería lo mismo destrozaba las baquetas en un toque que cimbraba el lugar, que caía a un beat baladero que erizaba el punto de vista de más de un crítico de rock como Octavio Hernández, cerveza en mano.

Pero allí mismo cientos de gargantas aunaban sus alaridos al canto de Cuevas para entonar tanto los temas de ‘Invisible’, como los del nuevo álbum. “Bienvenidos al vértigo’’, dijo el cantante moviendo sinuosamente sus brazos enguantados.

La precisión del bajo de Luciano Cuevas y su galanura rindieron a las jóvenes, que lo exigían a gritos como quien pide justicia. Bajo su instrumento desfilaron temas como Animal y la palmeada al estilo flamenco de El duelo, con sus letras bizarras.

Una de las piezas que logró la hilaridad de la multitud fue una excelente interpretación de Vi. Mientras que por otro lado, una de las cosas que logró la molestia de los fotógrafos que hacían su labor de cobertura fue ver que un individuo, que se ostentaba como manejador del grupo, entorpecía su labor fotográfica, a pesar de que los aficionados en la pista sacaban de sus ropas cualquier cámara con flash y tomaban los ángulos favoritos de su grupo consentido.

Con su mezcla de música industrial, siempre apoyada por programadores de sonidos que le daban un aire techno a los ritmos y el toque rockero de la guitarra eléctrica de un inexpresivo Pedro Frugone, La Ley se adueñó de las voluntades con la Fotofobia y la poética Santa Ciudad, dándole su lugar al funk y al jungle en estas y otras canciones.

Sin embargo, asuntos ajenos al concierto empañaron con una violencia innecesaria la estancia de algunos de los jóvenes al frente del foro, en la pista y en la barra del extremo derecho del escenario.

En particular, un fornido joven de cabellera larga y camiseta blanca, que arremetía a empujones malintencionados a cuanto hombre o mujer se le cruzara, en franca provocación, y causando el malestar entre los muchachos que lo circundaban.

Al frente del escenario, uno de los fornidos guardias de seguridad afroamericanos arrostraba a los muchachos que se lanzaban sobre la multitud, y a puñetazos y empellones los azotaba, con rudeza inusual. El resultado fue la dolorosa salida de uno de los más insistentes ‘clavadistas’ de cabello largo en brazos de otro guardia, algo más conmiserado, del recinto.

En el mismo ángulo del club hubo riñas y desalojados por conatos de pelea, aunque los guardias de seguridad del lugar se encargaron de apaciguar los ánimos a su modo: con la brusquedad acostumbrada, mientras, irónicamente, Cuevas y el resto de la multitud cantaban el estribillo No sufras más, de Guerrillero.

Arriba, el concierto se desarrollaba con perfección técnica, con derroche de luces y potencia de sonido, aunque se malograron algunos comentarios inaudibles de Cueva entre canción y canción.

La gente conocía a la perfección las letras y se encargó de darles claridad, coreándolas y saltando con energía. Sed, Solitaryman y Opacidad dieron un momento culminante al concierto, que también tuvo su breve intervalo acústico con un par de melodías, una de ellas Ciclos.

Y el remolino de ritmos y poesía volvió, entre otros, con un tema de hip hop al que fue invitado Archie Frugone, hermano del guitarrista, para echar el ‘palomazo’ en el bajo eléctrico.

En la parte final, La Ley interpretó Krazyworld, un tema en francés, y volvió a un ‘bis’ que alargó hasta cerca de las 11 de la noche el primero de los dos conciertos que brindaron a un público angelino, que hacía más de dos años que no los oía, desde el Wateke 96 en San Bernardino y en el Anfiteatro Universal.

Illya Kuryaki & The Valderramas: Influenciados por el mundo


Ricardo Camarena

Redactor de Espectáculos

(La Opinión, 16 de noviembre de 1998)

El grupo de funk y hip-hop Illya Kuryaki & The Valderramas regresa a House of Blues y JC Fandango a completar una tarea inacabada: convencer a rockeros y raperos angelinos por qué son una banda de referencia obligada en la escena

Con un entusiasmo similar al que muestra en el escenario, Dante Spinetta, líder junto con Emmanuel Horvilleur de la banda, defiende sus puntos de vista acerca del sentido de las letras y ritmos que abandera.

Horvilleur, más sosegado, interviene esporádicamente para replicar algunas consideraciones sobre su participación a nivel estelar en el concierto de la revista La Banda Elástica el día primero de noviembre en el Anfiteatro Universal, que a juicio común sonó monorrítmica.

“¿Cómo, cómo, cómo? Si lo nuestro es un ritmo bailable, básicamente”.

“Si vos escuchás el disco, descubrirás que es toda una variedad de ritmos las que manejamos. En el Anfiteatro hicimos un show de nueve temas con los que queríamos mover a la gente. En conciertos más largos, metemos muchos ritmos”.

“Era lógico que en ese concierto, a pesar de la cantidad de bandas, la gente estaba predispuesta a ir a oír primordialmente a La Ley; pero por nuestra parte siento que conseguimos mover a la gente”.

“Si eres una persona que no estás acostumbrada a escuchar hip-hop o funk, pues creo que no hallarás mucha diferencia. Aunque tengan tiempos muy movidos son ritmos muy distintos, así como los estilos”, dice Spinetta, teniendo en mente su participación en el concierto de Amnistía Internacional ante más de 100 mil personas.

“Y como acá era un concierto de primera vez, era un riesgo mezclar ritmos lentos, que también manejamos ¿entendés?”, cuestiona Spinetta al reportero.

Como sea, lo que no queda muy claro de Illya Kuryaki & The Valderramas es por qué declaran influencias, pero sin embargo afirman tener “su propio mundo”.

En su concepto, “la banda es de mezcla, de combinación de todas sus influencias con total libertad; a los ritmos mecionados también podemos agregar el rock, el soul y el r&b; es como mezclar un montón de bebidas hasta lograr lo que sería ‘nuestra receta’. Crecimos en Buenos Aires influenciados por el mundo. Básicamente provenimos de familias de músicos”.

Dante es hijo del rockero Luis Alberto Spinetta; Emmanuel, de un destacado fotógrafo y músico argentino.

“Precisamente esa mezcla de estilos y nuestra lírica, que es bastante personal, es lo que nos hace interesantes como propuesta musical. Es como un universo nuestro adonde conviven muchas cosas”, agrega Horvilleur.

“De hecho somos más letristas que músicos; pensamos primero en la escritura y después en la música”, precisa el coautor de las letras de Chaco, Jaguar House, Ninja mental y otros temas.

“Emmanuel y yo escribimos no sólo para ponerle música; aunque estamos convencidos de que una buena letra no puede ser sin una buena música, y viceversa. Para nosotros tiene el mismo nivel de importancia”, aclara Spinetta.

Explica la mística de su banda: “La música la hacemos sin prefabricarla, viene de nuestra alma; es nuestra forma de expresión y nuestra forma de canalizar un montón de sentimientos que tenemos. Si no hubiésemos seguido en la música y sacado nuestra violencia allí, puesta en ritmos, no sé; hubiésemos ido por otro lado en la vida”.

“Decidimos hacer eso como terapia; no te puedes poner a salvo de una manera prefabricada. Cuando una banda lo hace así se nota”.

“De mi viejo “El Flaco” [Luis Alberto] heredamos las ganas siempre de hacer algo nuevo, pero no a su estilo. Quizá por estar rodeados siempre de instrumentos y andar en los estudios de grabación, todo eso nos nutrió. Mucha gente me dice que si el nombre de mi padre es para mí una ‘mochila’, algo que me pese; pero más que eso es una mochila de herramienta, una bendición”, asegura Spinetta.

El dúo se hace acompañar regularmente en sus conciertos por cinco o más elementos; un disc jockey, Gustavo Spinetta, tío de Dante, en la percusión, Gustavo Ridilenir en la flauta, Claudio Cardone en los teclados, el “Pingüino” Verdiname en la guitarra, Sergio Verdinelli en la batería y Fernando Nale en el bajo.

“A partir del éxito de Chaco visitamos Mexico y brindamos un buen concierto con lleno total en el Teatro Metropólitan; además de hacer giras por Guadalajara, Monterrey cada año. Tenemos un concierto pendiente en Cancún, y antes de volver acá participaremos en un concierto en el Foro Sol del Distrito Federal con una gran cantidad de bandas, el 28 y 29 de noviembre”, dice Spinetta.

El nombre de Illya Kuryaki está tomado del personaje rubio que acompañaba al agente secreto Napoleón Solo, de una serie televisiva de hace décadas, y The Valderramas, de la afición de los músicos por el fubolista Carlos “El Pibe” Valderrama.

Agregan que iniciaron su labor musical desde que Dante tenía 16 años y Emmanuel 14. “En el momento que explotamos musicalmente es en 1995, porque habíamos cultivado el underground muy bien, con tocadas de rock ante millar y medio de personas en promedio, sin contrato con alguna disquera. Juntamos nuestra ‘plata’ [dinero] con amigos y grabamos Chaco; de allí una disquera internacional nos contrató y se regrabó el tema, que fue todo un boom de ventas y proyección en toda Latinoamérica, grabando también el álbum unplugged y programas con MTV Latino. Fue muy bien aceptado por la crítica, la prensa y el público”.

“Si hubiese que definir la música de nuestra banda en imágenes, sería a través de muchas películas, de corte fantástico; podría ser la trilogía de Star Wars. Versus tiene mucho de guerra; no de guerra sino de combate entre cosas opuestas; es un disco bastante Ying Yang; podría ser una película como Toro Salvaje, o películas de karate…tantas cosas. Sería amplia la filmografía”, resumió Horvilleur.

Illya Kuriaki & The Valderramas tendrá oportunidad de presentar un show completo y los temas de su nuevo álbum Versus, que saldrá al mercado estadounidense en enero próximo (1999), en el club de Anaheim, JC Fandango, para el próximo 29 de noviembre, y al día siguiente, el compromiso está anotado en el calendario de House of Blues.

Por mientras, en México y Argentina se trabajan los últimos detalles de lo que será Tregua, el nuevo proyecto musical de estos jóvenes hip-hoperos.

martes 30 de octubre de 2007

Pastilla en House of Blues


Ricardo Camarena

Redactor de Espectáculos

(La Opinión, 19 de marzo de 1999)

Surtió efecto la segunda dosis de Pastilla.

Un House of Blues con sold out el jueves por la noche demostró la nueva capacidad de convoctoria de la banda de rock bilingüe, durante la presentación de su álbum Vox Electra.

El evento había dado principio desde las siete de la noche con música de DJ y el teloneo de la banda En Violeta.

Pasadas las 8:30 de la noche el cuarteto de Pomona inició su actuación, con un cambio en sus filas: el bajista Eddie González fue sustituido por Daniel “N”, guitarrista oriundo de la ciudad bajacaliforniana de Ensenada.

“Eddie se quedó estudiando en su casa”, dio como única explicación el cantante de voz destemplada, casi adolescente, cuando fue inquirido sobre el paradero de su exbajista por alguien de la pista.

Por ende, el vocalista Víctor “El Chicles” Monroy tomó a su cargo el bajo eléctrico. Su hermano, Adrián, se mantuvo fiel a los requintos de su guitarra eléctrica con una seriedad inmutable.

Los cuatro integrantes vestían trajes estilo comando, de distintos colores. Impasible, el baterista Eric Ruvalcaba marcaba las entradas de cada tema. Así desfilaron en el repertorio Ataúd, Por qué quieres poder, Tatú y el tema estelar Amor metal.

En algunas de estas interpretaciones, Pastilla contó con la colaboración en el teclado programado por parte de Antonio “N”, integrante de la banda Voz De Mano.

Las rondas de slam y clavadistas dieron color a su presentación, y el mismo sabor y ambiente que a los conciertos de grupos como Maldita Vecindad, Café Tacuba y La Lupita.

Fue grato oír a la mayoría del público asistente tararear los temas de los hermanos Monroy, con la misma familiaridad con la que se cantan en ese mismo recinto los temas de Jaguares o de Enanitos Verdes en concierto.

La parafernalia promocional que rodeó el concierto tuvo grandes aciertos y se logró que la gente colmara la pista y la planta alta del club. No en balde dos grandes mantas con el nombre de la banda y la compañía patrocinadora del evento pendían del conocido cartel del corazón con el nombre del club

Una de las variantes del concierto fue cuando Adrián interpretó el tema principal del segundo disco, Vox Electra.

Tras un par de baladas lentas –quizá de las más destempladas que se hayan escuchado en ese recinto– una buena pieza rítmica hizo volver el vertiginoso ambiente de slam y rock.

Pastilla entonces volvió por sus fueros y se animó a interpretar una pieza en inglés sobre el ser homosexual en este país. Al mismo tiempo, uno de los más entusiastas jóvenes del slam, de cabeño teñido y al que Víctor dedicó uno de los temas, era desalojado con rudeza innecesaria por parte de los custodios del club.

A las 9:30 de la noche y con Amor metal Pastilla intentó cerrar el concierto, pero el cuarteto fue reclamado furiosamente por sus seguidores.

Fueron interpretados entonces un buen par de temas más, y poco antes de las 10, terminó definitivamente uno de los mejores conciertos de la banda angelina: justo a tiempo para correr a casa y así llegar a tiempo para la transmisión de un capítulo más de Mirada de Mujer.

Ozomatli




Ricardo Camarena

Redactor de Espectáculos

(La Opinión, 22 de julio de 1997)

Van llegando el martes 13, de uno en uno, como premonición.

Primero el guitarrista y cantante Raúl Pacheco. Luego, Justin Porée el “Niño”, con su cuatro venezolano (guitarrilla de cuatro cuerdas) en ristre. Aunque es percusionista.

Rato después llega su trompetista Asdrú Sierra y los alcanza en el elevador William Maruffo, el baterista.

Jiro Yamaguchi llega tarde, comenzada la entrevista.

De igual modo se formó el grupo, contarán en seguida.

La de Ozomatli (dios de la danza) es una banda que refleja perfectamente la diversidad cultural de Los Angeles.

Compañeros de colegio, de grupo, de “jale”, al coincidir casualmente en las tocadas, sus 10 integrantes fueron formando uno de los grupos de ritmos de fusión más interesantes de la rocketería angelina. La misma que ya no se detiene en la instrumentación clásica setentera y eléctrica, sino que se ha enriquecido con el hip hop, el reggae, el ska y hasta con la salsa.

Yamaguchi en la tabla, con sus aportaciones de la música hindú; el “Niño” Porée, con el berimbau, las congas y timbales, hibridiza la batucada con el toque sonero del metal de Sierra, José “Crunchy” Espinoza al saxofón alto, Ulises Bella al sax tenor y Pablo Castorena al trombón.

Marrufo, de origen yucateco, y Wil-Dog Abers, el líder del grupo, en el bajo y vocales, junto con Charlie ZNA Stewart, complementan el sonido original de Ozomatli.

Han condensado parte de este ensamble rítmico instrumental en un CD demo, que contiene su favorita Cómo ves, además de Super Bowl Sundae y Cut Chemist Suite.

“Ozomatli tiene un par de años de forrmado”, dice Sierra.

“¿Deformado?”, replican sus compañeros entre risas.

“Wil-Dog lo inició; es un güerito judío que creció entre puro latino, allí en Pico-Union”.

Ozomatli continuamente participa en eventos comunitarios en los que la presencia chicana es altamente significativa, y en performances donde el teatro, la música y las artes gráficas son parte de un todo. De una causa.

De un tiempo para acá la decena de músicos alterna cada jueves con grupos anglos en el Dragonfly, un club de Santa Monica que también se distingue por dar cabida a las bandas locales cada domingo. Con esas bandas locales también ha alternado Ozomatli.

“Aunque a veces no con mucha suerte”, reconoce Sierra. “Ahora que participamos en el festival del 4 de Julio en Whittier Narrows la gente se metió con nosotros. Los chavos no aceptaron del todo nuestra fusión y nos tiraron piedras. Algunos de la banda estaban bien contentos de que nos silbaran y gritaran. A los de origen mexicano les tuvimos que explicar después que no precisamente nos estaban aclamando”.

“Pero aún así las mil personas que hubo ese día se prendieron con la banda”, dice ufano Espinoza.

“Eran como 500.... Ya ves doble, loco”, le corrigen entre risas sus compañeros.

Lo que sí es que Ozomatli rezuma honestidad en su trabajo. No asumieron la producción de su CD hasta que la banda estuviera constituida definitivamente.

Actualmente preparan su gira por Cuba, en donde participarán en una docena de foros. Sin tocar donde sea, Ozomatli no es de las bandas que se quejan de falta de espacios para mostrar su trabajo.

Es más, los invitan.

A la vuelta del Grammy: Molotov


Ricardo Camarena

REDACTOR DE ESPECTACULOS

(La Opinión, 13 de febrero de 1998)

La iconoclasia y la censura que en tantas entrevistas y por la edad ha institucionalizado el rockosaurio Alex Lora, tienen ahora una nueva frescura en la aventura musical de sus jóvenes colegas del grupo de rock, rap y hip hop Molotov, también nominados al premio Grammy, como El Tri de Lora, con sólo un disco, ¿Dónde jugarán las niñas? y un año de trayectoria.

Al respecto Randy Ebright, “El Gringo Loco”, baterista del controversial grupo, señaló en entrevista telefónica desde la ciudad de México: “Creo que es un logro para el rock alternativo latino, porque no sólo está representado México con Café Tacuba y El Tri en esta nueva categoría de Grammy, sino toda Latinoamérica, con Los Fabulosos Cadillacs de Argentina y Aterciopelados de Colombia”.

“Es un honor, porque estos grupos nominados han estado trabajando en el rock por muchos años. Nosotros apenas llevamos siete meses con nuestro primer disco”, reconoció el integrante de una banda cuyas letras acres han producido escozor en muchas conciencias.

Acerca de los conciertos que durante febrero han sido cancelados para Molotov en el estado fronterizo mexicano de Tamaulipas, y en otros foros, fundamentalmente por la presión de sectores moralistas de las respectivas poblaciones adonde actuarían, Ebright señaló que “es medio triste que todavía haya gente que cree que puede decidir lo que es moral para todos, así como decidir lo que debe oír la demás gente”.

Indicó que “en Matamoros nuestro concierto se pospuso hasta marzo; en Reynosa simplemente no nos dieron permiso, alegando aspectos administrativos’’.

“Pero tocamos afuerita”, prosiguió, “en la población de Río Bravo, y en Nuevo Laredo. Luego, nos habían dado permiso en Ciudad Victoria, pero tampoco pudimos tocar, así que lo hicimos en una ciudad cercana muy bonita, Ciudad Mante”.

Ebright agregó que “allí tocamos y la gente de los lugares en donde nos habían cancelado acudió. Viajaron para ir a vernos, y estamos muy agradecidos con ellos”.

Acerca del videoclip de su canción Gimme the power, Ebright dijo que “yo creo que la letra está muy fuerte. Nos pusimos de acuerdo con el director del vídeo, Jorge Aguilera, pues queríamos algo más, permitir a cada espectador de él sacar su propio mensaje. El personaje del video lo interpretó un buen actor del cine mexicano, Roberto Sosa Jr.”.

“Nos hizo el ‘superparo’; deveras estamos felices con el video. Se trata de un perdedor que vaga por las calles, que es apañado (arrestado) por las autoridades, y después de todas las broncas, llega a ser como el héroe de la escena, pues libera a otros como él, sometidos”.

Sobre sus conciertos comentó: “Somos afortunados, porque con frecuencia en nuestras tocadas participan amigos músicos, y así nuestro cuarteto suena distinto cada vez y no nos aburrimos. En House of Blues, el año pasado, subieron a tocar nuestros productores, Gustavo Santaolalla y Aníbal Kerpel, y fue una tocada que disfrutamos mucho”.

“Hemos dicho siempre que es mejor para el grupo lo que otra gente pueda aportar con otros instrumentos. Lo que estamos haciendo es complementar lo que en el disco había, como un tecladista, y cuando no lo hay, llevamos el sonido en cinta”, afirmó Ebright.

Refirió los problemas de distribución de su disco: “Tuvo un lanzamiento accidentado. Como se supo, había dos tiendas de autoservicio que no querían vender el disco por su portada (el primer plano de las piernas de una adolescente con uniforme escolar, sentada en el interior de un auto, con la ropa interior a la altura de las rodillas)”.

“Ahora que el álbum llegó a disco de platino, vieron que había dinero potencial para comercializarlo. Echaron su moral por la ventana y lo pusieron, al menos, en una de las tiendas nuevamente. La verdad, ya está mucho más “alivianado” (más tranquilo) ese asunto”, agregó.

Para Ebright, “nuestras letras son como una crítica bien realista de lo que pasa a nuestro alrededor, de lo que vemos, de lo que vivimos. Yo creo que para eso no hay que tener ‘pelos en la lengua’, porque si quieres decir algo es porque tienes que decirlo”.

“Básicamente así escribimos las letras de nuestras canciones. No tenemos nada planeado, y van saliendo conforme las cosas suceden. Con el lenguaje con el que hablamos en la calle; si nuestros papás hablan crudo es obvio que nosotros también”, afirmó el baterista.

Señaló que para el siguiente álbum, cada uno de los integrantes tiene por lo menos cuatro temas listos. Por mientras, el segundo sencillo de primer álbum es la canción Cerdo, mientras que su video de Use it or lose it se programa regularmente en MTV Latino.

Molotov está formado actualmente por Tito Fuentes de Garay, de 23 años en la guitarra eléctrica y voz; Micky Huidobro, de 24, es uno de los bajistas, canta como los demás integrantes. Francisco Ayala, de 25 años, es el otro bajista y baterista alterno, y Ebright, de 23.

La labor prosigue en todo 1998 para estos nominados al Grammy. Ebright comentó que durante marzo Molotov seguirá su gira por la República Mexicana y bajarán a Centroamérica. Proseguirán hacia La Paz y Buenos Aires. Para mayo, vendrán a Estados Unidos y también visitarán España, acompañados de sus letras incendiarias.

Sonidos de El Gran Silencio


Ricardo Camarena

Redactor de Espectáculos

(La Opinión, 31 de mayo de 1999)

Dentro de lo que se ha dado en llamar dentro del movimiento musical contemporáneo en español “la avanzada regia”, que incluye voluntaria o involuntariamente diversas agrupaciones como Control Machete o Plastilina Mosh, la banda El Gran Silencio, de Monterrey, Nuevo León, ha revitalizado las propuestas de grupos como los desaparecidos Botellita de Jerez, así como los vigentes Café Tacuba, Maldita Vecindad y Molotov.

El fin de semana pasado, la ecléctica agrupación alternó con éxito en el Anaheim Convention Center, nada menos que con Los Tucanes de Tijuana y artistas de otros géneros.

En entrevista telefónica con el baterista Ezequiel Alvarado, dijo que El Gran Silencio tomó su nombre del de una canción del rockero rupestre Rockdrigo González; un artista regiomontano que sucumbió en los derrumbes del terremoto de 1985 en la Ciudad de México.

Alvarado indicó además que el sonido actual de El Gran Silencio no es casual, que deviene de sus orígenes acústicos hace ya casi una década: “El grupo fue formado por los hermanos Tony y Cano Hernández, guitarristas y cantantes; inició en 1992 su labor totalmente acústica con guitarras, armónica y percusiones. Agregaban tambores diversos, logrando un sonido muy peculiar”.

“Toni y Cano”, prosiguió, “empezaron a hacer canciones en una etapa ‘más rupestrona’ que ha tenido cambios sucesivamente. Ya con el tiempo, la música del grupo tomó más fuerza cuando, a los tres años de formado, Julián Villarreal comenzó a participar con el bajo eléctrico”.

Alvarado comentó que, posteriormente, Isaac “Campa” Valdez fue invitado a participar musicalmente con el acordeón”.

La agrupación de cinco elementos comenzó entonces a participar en diversos eventos del área metropolitana de Monterrey. Sin embargo, hubo un periodo de crisis que obligó a los hermanos Hernández a interrumpir la labor de la banda, recordó Alvarado. Fue en ese tiempo en que él fue invitado a participar en la batería, en un concierto de despedida que resultó de reorganización y resurgimiento.

“De allí surgieron las presentaciones en radio y televisión; nos invitaron a participar en un acoplado de varios grupos con el tema Decadencia y otro más, y nos decidimos a grabarlas. Como era un disco independiente, sabíamos de las broncas que implicaba su distribución y las obligaciones del contrato, pero nos animamos a llevarlo a cabo; aunque después tardamos un año en zafarnos del compromiso con esa disquera, que tardó en editar el acoplado”, expresó Alvarado.

“Nuestro estilo combina elementos de música regional mexicana con las influencias de la música extranjera que hemos adaptado: rock, reggae, tango, rap, vallenato y polka-punk”, dijo. Esta fusión, que también incluye cumbias y segmentos incidentales ‘sampleados’, quedó plasmada en el disco Libres y Locos, grabado en Nueva York a mediados de 1998 bajo el sello Ark21, y que apareció en el mercado estadounidense desde el 9 de marzo. Hasta la fecha, la disquera reporta que se han vendido más de 100 mil unidades en menos de tres meses.

“Tenemos ahora un contrato de grabar 5 discos en cuatro años, y es más favorable para nosotros”, comentó el baterista. El Gran Silencio cuenta con el videoclip de su disco sencillo Dormir soñando, el cual se incluyó en la rotación estelar de videos de la programación de MTV Latino.

Alvarado explicó que “nuestras canciones hablan de temas urbanos, lo que es vivir en la ciudad con toda su problemática y sus vivencias. No hemos incluido temas políticos ni nos interesa; sólo lo que hemos vivido y creemos que se puede narrar, como el amor en Tonta canción de amor #1; de la niñez, en la canción Mitote, que habla de los juegos infantiles. Hay en el disco un homenaje al cantante de norteño Lalo González, el Piporro’s taconazo y a ratos, un estilo de música grupera”.

En cuanto a presentaciones, El Gran Silencio fue abridor de los conciertos de la banda mexicana Jaguares en el teatro Galaxy de Santa Ana, así como el que se llevó a cabo en Las Vegas, en marzo pasado. A esto se agrega su participación, indistintamente, tanto en festivales gruperos como de música pop y de rock.

El quinteto se presentó, también en marzo de este año, en el club The Roxy de Hollywood, así como en la Austin’s South by Southwest Music Conference, en Texas. También participó en el Festival Vive Latino, que congregó en septiembre del año pasado a una gran cantidad de bandas latinoamericanas en dos días de concierto, en el Foro Sol del Autódromo Hermanos Rodríguez de la Ciudad de México.

“Siento que hemos sido conocidos poco a poco por el público latino en Estados Unidos gracias a que suenan algunos de nuestros temas por la radio, así como también por la difusión que hemos tenido a través de las revistas.

“Nuestro estilo es muy abierto, no es una música nueva; queremos sacar provecho de los ritmos que nos gustan, así como homenajear a los grupos y cantantes que nos han formado musicalmente”, finalizó.

El Gran Silencio se presenta hoy por la noche con los grupos Riesgo de Contagio, Yeska y Las Quince Letras, en The Key Club, de West Hollywood, dentro del ciclo de conciertos de rock Las Noches del Dragón, organizados por la revista La Banda Elástica.

Enanitos que se agigantan

Ricardo Camarena

REDACTOR DE ESPECTACULOS

(La Opinión, 11 de marzo de 1998)

Eslabón obligado entre los dos momentos ascendentes del rock en español, es decir los años 1987 y 1997, el trío argentino Los Enanitos Verdes con su álbum Tracción acústica, ha vuelto con sus temas El guerrero y La muralla a recorrer los días de radio, con el acordeón invitado de Julieta Venegas, la guitarra acústica del respetado Jeff “Skunk” Baxter, y la coproducción de Oscar “Cachorro” López.

Entrevistado telefónicamente desde Buenos Aires, Felipe Staiti, el guitarrista de los memorables requintos de La muralla verde, Guitarras blancas, El extraño de pelo largo, Lamento Boliviano y otros éxitos de Enanitos Verdes, comentó por principio que “tras un descanso tras la grabación de Tracción acústica, estamos por arrancar con una gira en marzo por México, algunos países de Centroamérica, y seguramente subiremos a Estados Unidos, aunque estamos confirmando fechas. Queremos mostrar estos temas de Tracción... al público de California, tal vez en abril”.

Sobre la participación de Venegas en el álbum, Staiti, que junto con el vocalista Marciano Cantero en el bajo eléctrico y Daniel Piccolo en la batería forman Enanitos Verdes, comentó: “Bueno, para el álbum estábamos en busca de un ‘color’, tanto para las nuevas versiones de El guerrero como para Guitarras blancas, y como ya teníamos algunas referencias de ella, en México la pudimos contactar. Aceptó participar en la grabación de muy buena gana. De igual modo colaboraron los percusionistas Armando Montiel y Leonardo Alberto Muñoz en la grabación. Lorena Alvarez, la chica del coro, es argentina, pero fue en México adonde conjuntamos todo.

Sobre la versión de Enanitos Verdes a un tema clásico del malogrado rockero mexicano Rockdrigo González, Staiti señaló que “la verdad, lo veníamos tocando de tiempo atrás, ya que cada vez que hacíamos el tema No me verás se nos hacía un poco largo, así que mezclamos Metro Balderas. Ahora, en la selección de temas para Tracción acústica, consideramos que es un homenaje para los rockeros mexicanos, y además queríamos tenerlo grabado, porque nos parece un tema muy bueno, divertido”.

“Cualquiera que nos haya visto tocando hace cuatro años, hace un año o hace 15 días, sabe que es uno de los temas que siempre interpretamos”, explicó.

Sobre su concierto del año pasado en House of Blues, Staiti lo llamó “una noche mágica, con la presencia de Jeff Baxter, y el público desbordado, coreando nuestros temas. Esto sirvió bastante para que Jeff pudiera ir a México a realizar el álbum y a tocar con nosotros por allá”.

Sobre la producción discográfica de Enanitos Verdes, Staiti consideró que “los álbumes del grupo son como los álbumes de fotos: recuerdan un momento de tu vida, y lo reflejan. Pasa algo similar al escuchar un disco, como que estás viendo el álbum de fotos en ese momento. Cada disco representa claramente un momento del grupo y de nosotros como personas”.

Consideró además que “no hay un solo disco que hayamos hecho con una actitud de frialdad o de hacerlo ‘a ver qué pasa’”.

Staiti comentó sobre los grupos nominados en la nueva categoría de los pasados premios Grammy: “aparte de ser halagador para cada una de las bandas, creo que realmente fueron cinco los ganadores. Mi corazoncito, por una cuestión personal y por su índole alternativa, se inclinaba por El Tri”.

Respecto de la despedida de otro trío de rock argentino, Soda Stereo, Staiti dijo que en el ambiente de rock en Buenos Aires “fue bien recibida, con dolor, pero era algo esperado y necesario. Simplemente oficializaron con ese concierto final y la gira de despedida una situación de ruptura que ya tenían de bastante tiempo atrás. Ahora son libres”.

“En nuestro caso”, comentó, “nosotros también hemos tenido situaciones críticas como la de 1990, en que pasamos todo un año sin tocar; sentíamos que estábamos bastante saturados. Decidimos parar para que las heridas de los conflictos cerraran, y así poder volver a tocar, como sucedió”.

Para el guitarrista, otro de los grupos representativos del rock argentino son Los Fabulosos Cadillacs, ahora ganadores del Grammy en la categoría Rock Alternativo Latino, “aunque en mi país hay toda una corriente de grupos muy buenos, que aún no han podido traspasar la frontera. Pero la verdadera representatividad te la da la gente”.

Staiti comentó brevemente sobre nuevos grupos, buenos y no tanto, de un género afín al rock que atrae también con su música a los jóvenes: el rap y hip hop. “Espero que también esta corriente marque su presencia entre la juventud, así como el rock, y que no se convierta solamente en una moda pasajera, pues el rap y hip hop expresan, a su modo, una forma original de ver las cosas”.

Staiti comentó finalmente que Enanitos Verdes prepara los temas de su próximo álbum, “siempre en búsqueda de un sonido más pulcro, sin dejar el sonido musical de 17 años que llevamos juntos Marciano, Daniel y yo. Toquemos lo que toquemos, sea hip hop, folklore o rock and roll, será siempre el sonido de los Enanos”.

Jaguares vivos y coleando

Ricardo Camarena

El próximo domingo, este Galaxy no meterá goles; rugirá.

Esto, porque después de haberse presentado con éxito el 22 de marzo, todo está listo para el regreso de Jaguares al teatro Galaxy de Santa Ana, durante tres fechas más: el 4, 6 y 8 de abril. De allí se obtendrán grabaciones que redondearán un disco en vivo que ha planeado el quinteto que ha preservado fielmente el repertorio de Caifanes.

Desde algún lugar del Caribe mexicano, el vocalista y líder de los “Caifaguares”, Saúl Hernández, comentó sobre sus recientes conciertos: “Ha sido un éxito la gira de Jaguares; se ha ido extendiendo, extendiendo, y ahora abarca eventos hasta fin de año. Parte de lo que ha pasado dentro de esta gira que ha sido impresionante, es que nació haciendo conciertos pequeños, y se fue a dimensiones mucho más grandes hasta llegar a foros como el Palacio de los Deportes en la Ciudad de México y el Anfiteatro Universal en Los Angeles”.

“Cerramos esta gira con un concierto en la población de Ecatepec, cerca de la Ciudad de México”, prosiguió. “Entonces, antes de meternos a grabar el disco en el estudio, estuvimos grabando algunos en México. El teatro Galaxy nos gustó cómo suena y cómo está dispuesto. Y ¡bueno! Vamos a grabar esos tres conciertos extras también, para aprovechar este calentamiento, para tenerlos en archivo y decidir después qué se puede hacer con ese material”.

“Queremos aprovechar el momento de la gira, el apoyo de la gente en todo lo que está pasando, y en definitiva, dejar un testimonio de lo que Jaguares está haciendo. Vamos a aprovechar esas tres fechas para demostrar de esa manera nuestro agradecimiento a toda la gente de California que ha estado siguiéndonos, y además vamos a aprovecharlo para grabar”, señaló.

Hernández descartó la posibilidad de que Jaguares sea teloneado por una banda local, así como el incluir nuevos temas en estas grabaciones en vivo. “Es muy complicado a nivel de equipo técnico. Habría que poner domos acrílicos, ecualizar todo a la acústica del lugar y sería particularmente complicado. Si a eso se aumentara la presentación de un grupo invitado, sería una locura técnica; sería fatal. Y definitivamente no; el material que vamos a grabar es de arreglos sobre las canciones que ya tenemos y mostrar el trabajo que hemos estado realizando con la nueva alineación”.

Es decir, con Sabo Romo al bajo; con Harris Margalis y César López “El Vampiro” a la guitarra eléctrica, y desde siempre, con Alfonso André en la batería. “Estamos haciendo todo un trabajo de taller musical, por lo cual queremos grabar los resultados. Las nuevas canciones las trabajaremos en el estudio”.

Ante la relativa confusión sobre la cancelación del evento ‘Outlandos D’America’, con base en el disco homenaje de las bandas latinoamericanas a The Police, y que se llevaría a cabo en el Anfiteatro Universal, Hernández aclaró que “supe que se cambió la fecha, pero en realidad no supe más de eso. Yo era invitado, no protagonista. Y es que ya no entendí al final qué pasó con ese evento; supongo que en algún momento se retomará y se hará. Sería bueno”.

Respecto de su concierto en el Anfiteatro Universal el significativo 15 de septiembre –fecha en que se conmemora el inicio de la guerra de independencia de México y Centroamérica respecto de España–, Hernández comentó que “está programado, pero todavía falta ver que todo salga como está planeado; si nada lo obstaculiza, entonces sí estaremos por allá”.

“A pesar de las circunstancias de forma, la esencia del grupo se mantiene intocable; seguimos nuestra labor, estamos muy bien y vamos a ver hasta dónde llegamos. Los lineamientos del grupo han continuado vigentes durante toda su historia, la de los discos y la de los conciertos. Seguimos siendo Caifanes con piel de Jaguares”, dijo finalmente.

Jaguares también está programado para el 29 de septiembre en House of Blues de Chicago. Y en el aspecto virtual, Jaguares tendrá su sitio oficial en la Internet a partir del 17 de abril, cuya apertura se llevará a cabo con un chat y entrevista con Hernández. Por mientras, el contacto por correo electrónico (e-mail) –si el virus Melissa no se interpone– es jaguares@earthlink.com.

En los confines de La Barranca

Ricardo Camarena

Redactor de Espectáculos

Ahora con cuatro integrantes y sin que por el momento su labor paralela como parte del grupo Jaguares los distraiga de su proyecto musical mientras su vocalista Saúl Hernández se recupera de una afección en la garganta, el grupo La Barranca retoma el trabajo musical con un segundo disco, Tempestad.

Alfonso André, baterista del cuarteto mexicano de rock, habla sobre este nuevo material discográfico: “Es nuestra segunda producción, ahora hecha en casa, literalmente. Construimos un estudio alrededor de nuestra casa. Estamos muy contentos con los resultados; nuevamente fueron nuestros la producción, los arreglos y las composiciones, sobre todo de José Manuel Aguilera, el guitarrista”.

Federico Fong en el bajo eléctrico, y Jorge “Cox” Gaytán en la segunda guitarra y violín, complementan la banda.

André explicó que los temas de Tempestad serían dados a conocer a los rockeros angelinos durante la celebración del quinto aniversario de la revista La Banda Elástica en House of Blues.

Habló además sobre la integración del violinista “Cox” Gaytán a La Barranca: “La primera vez lo invitamos a grabar un par de temas del primer disco, El fuego de la noche, y nos gustó mucho su trabajo. Empezamos a tocar progresivamente en vivo con él, empezó a montar más material de ese disco y en Tempestad de plano lo integramos al grupo. Estuvo desde los ensayos, participó en los arreglos de las canciones y así se volvió parte fundamental de La Barranca.

“Gaytán es todo un personaje, desde sus orígenes musicales en grupos del Canto Nuevo Latinoamericano; ha pasando por agrupaciones de salsa como Pepe Arévalo y sus Mulatos, y participa frecuentemente en grabaciones con artistas diversos. Ahora se está ‘clavando’ en el trabajo musical de La Barranca”, explicó André.

Tanto Gaytán como Aguilera han colaborado en trabajos discográficos del compositor mexicano Jaime López, cantautor de la Chilanga banda y del álbum Odio funky, entre otros.

Acerca de Tempestad, André comentó que “el primer disco sencillo de este álbum que salió en México fue La Caída. Sucesivamente hemos mostrado nuestra preferencia por temas como El gran pez y El día negro. El segundo todavía no se ha decidido cuál podría ser, pero consideramos que hay varios temas que podrían funcionar en la radio”.

Acerca de la actividad de difusión radial de sus temas, André consideró que “a pesar de que hay por fin dos o tres estaciones en la ciudad de México que se dedican en particular a transmitir rock en español, como Órbita y Radioactivo; inclusive en el jardín de una de ellas tuvimos un concierto con Julieta Venegas que se transmitió con éxito. Pero en realidad es muy difícil”.

El baterista explicó que “no es como la gente llega a suponer; que como integrantes de Jaguares (Fong, Aguilera y él), la tenemos fácil de antemano. No es así; estamos como cualquier grupo de rock nuevo, tratando de hacer nuestro trabajo. Y mucho menos si estamos haciendo algo que no es lo que está muy de moda aquí en mexico, como la onda del hip hop y el rap, con gente como Control Machete, Molotov y Resorte. Estamos en otro ‘rollo’ totalmente distinto”.

Prueba de lo que André afirma es que Control Machete abrió consecutivamente dos megaconciertos el año pasado en México: el del británico David Bowie y el “Pop Mart” de los rockeros irlandeses U2.

Aunque, en su opinión, “pasado el boom de este tipo de bandas sólo quedarán las deveras buenas y propositivas. Pienso que Molotov es una de ellas. Así pasó con Caifanes y la gran cantidad de bandas que surgieron con nosotros”, dice el también ex integrante de los creadores de Viento y La célula que explota.

Como La Barranca, han tenido la oportunidad poco ortodoxa de abrir el concierto del vocalista italiano Zucchero.

Recalcó que promover su material en la radio “no es nada fácil deveras; no hay tantas puertas abiertas, aún para los integrantes del nombrezote Jaguares. Aunque por mi parte sigo en la disposición de continuar esa labor. Podría decirse que el proyecto de Jaguares lo tenemos en un receso. Saúl está dedicándose a curarse”.

“Definitivamente sí hay la idea de hacer labor juntos de nuevo. Ya José Manuel y Federico está muy difícil que participen, porque están muy comprometidos con el trabajo de La Barranca. Es más su prioridad en este momento”, afirmó el baterista.

André, casado con la actriz y vocalista de rock Cecilia Toussaint, se consideró dispuesto a colaborar musicalmente en ambos proyectos “en cuanto mi capacidad física me lo permita. Por mientras, en La Barranca tenemos un buen trecho de tiempo para la promoción de Tempestad y de presentar los temas en vivo. Hemos ensayado mucho para impulsar este álbum con un buen espectáculo, el cual ya hemos lanzado en México”.

Finalizó comentando que su banda partiría de Los Ángeles rumbo a Chicago, para presentar su nuevo álbum en un club de esa ciudad: “De allí volveremos a México para iniciar una gira por las principales ciudades de la república”.

Para llevar la tempestad de su rock hasta los confines de la barranca, literalmente.

sábado 27 de octubre de 2007

Boutique de brujerías

Ricardo Camarena

REDACTOR DE ESPECTACULOS

La noche del martes Orixa estallaba en un preludio de artillería musical pesada en el bajo y piezas de ska y reggae, al público joven en un House of Blues que no se acababa de llenar.

Las canciones, desgranadas, rugían en la voz del cantante venezolano, con todas las ganas de revolcarlos con el Frisco y un pedazo de “El Niño” en el recinto, mientras sus compañeros sanfranciscanos imponían un ritmo fresco y contundente a piezas como Quién soy yo y Sacúdete.

Exhortación estéril.

En las indiferentes orejas angelinas había algo más que modorra, sobriedad y reserva: un agazapamiento para saltar sólo en el momento justo, un par de grupos después.

Las Quince Letras corrieron con la misma pesada tarea: eliminar la estática que zumbaba por sobre las cabezas de la concurrencia, engolosinada en especular el slam sólo hasta que el grupo principal hiciera de las suyas.

Por fin, con la pista llena, hizo su aparición la familia musical Flores. Es decir, el septeto chido de Ciudad Nezahualcóyotl, contigua a la capital mexicana: las Víctimas del Doctor Cerebro.

Y como un apodo dice más que mil apellidos, “El Chipotle” en el saxofón, y sus hijos “El Ranas” en la guitarra, los disfraces y los clavados, “El Abulón” en la voz, “El Stone” en la primera guitarra, “El Tuco” en el bajo, el baterista Pedro “N” y el joven operario de las cintas pregrabadas, hicieron emerger un Gusano de maguey que cimbró martillos, yunques e hipotálamos, mostrando por qué este grupo de rock, reggae y tecno mexiquense venía dispuesto a robarse el concierto.

Ornado como imagen de bulto de iglesia de pueblito, con foquitos en el abrigo y sombrero colorados, Ricardo Flores, “El Abulón”, descargó con furia en el micrófono, hasta que chillaba a todo volumen el feedback, letras plebeyas de contenido de historieta, en las que desfiló la galería de personajes lo mismo escalofriantes que risibles.

En alguna de las interpretaciones, “El Ranas” intercambiaba disfraces y coreografías entre grotescas y frívolas, hasta que, después de reptar entre los pies de sus compañeros, decidió el autosacrificio y se lanzó con todo y guitarra hacia la multitud, que lo recibió con los hombros abiertos.

“El Ranas” resurgió, Lázaro madreado, entre nuevos pies y manos que le desgarraron los pantalones negros.

Como pudieron, los rudos guardias de seguridad lo regresaron al escenario. Igual suerte corrió “El Chipotle” al intentar saludar a una fan: desapareció bajo el jaleo. Fue subido en vilo al escenario nuevamente. La casaca roja de su disfraz de domador de circo viejo no sufrió ni un rasguño: puros jalones.

Si el bigote de Javier Solís hubiera sido funk y no ranchero, sería el mismo que el que portaba “El Chipotle”. Y lo demostró el papá de la banda parodiando con su sax tenor parte de la melodía Funky town de Lipps, Inc., en una de las piezas del grupo de Neza.

Los requintos heavymetaleros del incólume “Stone” le dieron al repertorio de la velada la pesadez necesaria para conjurar tibiezas, mientras “El Ranas” y “El Abulón”, posesos de ritmo, se azotaban en el foro.

Rato después, como paradoja, “El Abulón”, pelirrojo y pontifical, cantaba y bautizaba slameros con agua embotellada, mientras los clavadistas ensayaban sus mejores lanzamientos sobre el duro colchón de cabezas, lubricados por el sudor compartido.

Muchas ‘florecitas rockeras’ en primera fila desfallecían victimadas y se marchitaban en el aglomeramiento, bajo los golpes y patadas de los clavadistas, con la misma cualidad vegetal de la yerba que pisaba el caballo de Atila. Otras muchachas, heroicas como cariátides, soportaban en sus cabezas los robustos cuerpos en picada.

Sin embargo, el resto de la concurrencia cumplía feliz el rol de corifeos de los éxitos de las otras Víctimas, las del Doctor Cerebro.

Los monitores de audio fueron el trampolín y a la vez la almena perfectos para el cruce de cuerpos de clavadistas y músicos, indistintamente. La energía de la música hacía más espectaculares las caídas de los lanzados, al ritmo de “Ya tus amigos me dijeron/ que tú quieres volver/ y yo lo siento/ no va a ser”, o con el frenesí de Brujerías.

“El Ranas” se disfrazaba con lo que podía: con goggles antigás, como monstruo sintético cuyo disfraz bien podría haberse obtenido de la utilería de viejas películas del luchador mexicano “El Santo”, o de los cómicos “Viruta y Capulina”.

En otro momento, el joven de larga cabellera rapeó, se lanzó nuevamente al lleno, que no al vacío, y llegó a emplear juegos pirotécnicos. Lo que fuera necesario para montar la boutique de brujerías en que se convirtió el concierto.

La canción La Tamalera le metió velocidad a los porrazos y jalones de cuerpos entre guardias y solidarios slameros.

En Me faltas tú, la lengua procaz de “El Abulón” señalaba agitada el rumbo del concierto: hacia arriba. Nadie estaba interesado en parar.

El roce de las Víctimas con el género ‘tecno’ fue preludiado con atronadoras cintas programadas, mientras “El Chipotle”, forrado de faros buscadores, caminaba con parsimonia de alien ante la algazara general.

A propósito, como requisito para que el público oyera El Esqueleto, hubieron de crujir varias osamentas previamente, conforme el estribillo aumentaba su velocidad.

La actuación de la banda terminó con las siete ‘víctimas’ en reverente caravena, que dio paso a la irreverente muestra de traseros al respetable.

Tocaría a Los Olvidados, desalojada la mitad de la concurrencia menor de 21 años, proseguir el resto del concierto dándole a la noche sabor a reggae con El Cine.

Con un desperfecto inicial en el teclado y una excelente sección de metales, Los Olvidados arrostrarían un conato de bronca y los sudores, ya resecos, de los agotados slameros que pujaban por poner la noche de nuevo en circulación.

¿Dónde estaba Shakira?

Ricardo Camarena

Redactor de Espectáculos

Los ojos.

Es muy difícil dejar de ver a Shakira a los ojos, que lo abarcan todo. Ni la bronquitis les merma luz, ni declina el arqueado de esas cejas negras que los coronan.

Ella, también de negro y con el pelo comprimido en pequeñas trencitas y bucles negros en serio, contesta a las preguntas con paciencia conventual, como la de quien ha pasado en un claustro, alejado del mundanal ruido, bastante rato.

Y en efecto; la menuda cantante colombiana de 21 años acampó en el estudio de grabación de Emilio Estefan Jr. por meses, hasta culminar lo que es su nuevo disco ¿Dónde están los ladrones?

“Fueron nueve meses, como un bebé, los que pasé grabando este disco”, señala con la primera sonrisa.

Shakira indica que antes de esta productiva reclusión “estaba recorriendo el mundo ‘con los pies descalzos’; con miles de sueños gordos y alados en mi mochila y con el mayor deseo de cumplirlos. Hoy en día ‘estoy buscando los ladrones’, a ver si aparecen”, agrega en un juego de palabras que le es característico, con voz tenue y algo de rubor.

Así como la mayoría de sus nuevos temas, la referencia al título del disco asegura que es autobiográfica: “Me robaron en un aeropuerto una maleta en la cual estaban mis canciones y no tenía copias de ninguna de ellas. No me acordaba de nada y fue una experiencia muy traumática”.

Agrega en serio y en broma: “Viví el correspondiente ‘duelo’, la pérdida de mis canciones. Sentí que las habían arrancado de mis entrañas, que ya no estaban más conmigo todas esas canciones que me acompañaron tantos días. Pero de esa mala experiencia se derivaron cosas buenas”.

“Como por ejemplo”, prosigue, “la canción Dónde estan los ladrones, que la compuse para sonreír ante ese suceso. Y fue finalmente el nombre del álbum de piezas que me pertenecen todas, que reflejan mis vivencias, de las preguntas que me hago y las respuestas que a veces encuentro a ellas”.

Cuestionada sobre si pudo componer con la frescura del anterior disco, aun cuando estaba bajo la supervisión de Estefan Jr., dice que “más bien la presión existía básicamente porque Pies descalzos me había dejado en un punto (cuatro millones de unidades vendidas) desde el cual era muy difícil partir y comenzar de nuevo. Tenía grandes compromisos con mi gente, conmigo misma, tantas responsabilidades… Pero la presión nunca vino por parte de Emilio”.

“Al contrario”, replica, “tan pronto conocí a Emilio, mis niveles de ansiedad bajaron. Él me inyectó todo el positivismo que necesitaba para sacar todo este proyecto adelante; me brindó su apoyo incondicional y me abrió las puertas de su estudio. Allí estuve viviendo prácticamente nueve meses, una vida de claustro, dedicada completamente a este proyecto”.

“Me dio todos los recursos humanos y técnicos posibles para poder lanzarme a este mar tempestuoso que fue la producción de este disco. Y lo fue, porque tuvo una naturaleza complicada: 11 canciones trabajadas hasta el detalle, planteadas y replanteadas, y vueltas a replantear”.

Aunque ‘no crea en Carlos Marx’, como dice una de sus canciones, Shakira afirma que: “un poco ése es mi método: la tesis, la antitesis, para llegar a la síntesis. Y de nuevo a otra tesis y así, hasta llegar hasta la antitesis de esa síntesis”, dice con una gran sonrisa ante el embrollo dialéctico.

“Me contradigo mucho; yo creo que soy un mar de contradicciones. Pero creo que ése es el resultado de saltar de una contradicción a otra, como una abeja salta de una flor a otra, o algo así”, metaforiza apenada, prolongando una carcajada que desafortunadamente se vuelve una sonora tos.

Repuesta del acceso, Shakira habla acerca de la forma en que se trabajaron los temas del disco: “me considero una cantante pop con corazón de rock. Y evidentemente en este álbum pude depositar todo ese ‘corazón rock’ sin timidez. Digamos que fui un poco más desinhibida para hacerlo; sigo haciendo dance, baladas. Para mí todo tiene un espíritu, una actitud, que revela mi devoción al rock”.

“Básicamente fueron canciones que exploré al máximo a nivel de sonidos; por ejemplo, usamos amplificadores viejos para lograr sonidos ‘retro’; usamos equipo de muy baja y de muy alta fidelidad, para lograr un tipo de sonidos de contraste. Pero lo más importante siempre fue preservar la melodía y las letras, porque me considero 100% melódica. No pienso entrar en ninguna competencia con alguien, musicalmente”.

“A pesar de hacerlo en Miami, y aunque las conguitas ya las había empleado en el disco anterior, sólo en una canción de este álbum, Moscas en la casa, hago una especie de bolero country, con guitarras eléctricas; el lenguaje de la guitarra acústica es bastante ‘folk’. Las congas llevan el ritmo de bolero. Es una cosa extraña, como yo, con elementos de distintas culturas (Los ancestros de Shakira Mebarak, su nombre completo, son de origen libanés)”.

“Inclusive, traigo en un tema trompetas típicas mexicanas; en otra canción hago una pieza dance con guitarra eléctrica y trémolo, en fin; me gusta hacer esas combinaciones y lograr ese tipo de contrastes”, afirma antes de un tosido la artista que dice tener repartido su hogar entre Colombia, Miami, “y también en los aviones”.

Y que lo diga: le esperan giras promocionales por Japón, Europa y Medio Oriente, en vistas a la preparación de conciertos para presentar en vivo estos nuevos temas. En lo que al exitoso disco anterior se refiere, Shakira comenta que sus composiciones Estoy aquí, Pies descalzos y Un poco de amor tuvieron las correspondientes versiones en portugués, para el público brasileño.

Por otro lado, a resguardo de la chismología sobre su vida personal, la joven cantante dice de ella que “la persona pública se escondió, como una flor cuando llega la noche. Porque era mi noche; todos estos nueve meses eran la noche de la creatividad, del ensueño. Yo diría que durante todo ese tiempo dejé asomarse libremente a Shakira la compositora y la productora, como un paso adelante en mi carrera. Esta nueva responsabilidad la cargué sobre mis hombros”.

Resume esta labor así: “Digamos que fueron nueve meses saludables, de aprendizaje, pero físicamente muy desgastantes, porque casi todos los días salía del estudio a las tres o cuatro de la mañana o a veces al día siguiente; dormía en el estudio”.

“Porque a través de mi música no sólo mi público me conoce más; yo misma me conozco más, y aprendo de mí cosas que realmente desconocía como compositora, como productora y cantante”, concluye la autora de Ciega, sordomuda, Si te vas, Que vuelvas e Inevitable, entre otras canciones que, también inevitablemente, pronto estarán aprendidas como letanías entre las adolescentes de medio mundo.

La tos vuelve a ella, pero la sonrisa nunca se le ha ido.

domingo 21 de octubre de 2007

Grammy Aterciopelado

Ricardo Camarena

REDACTOR DE ESPECTACULOS

Sobre la reacción en Colombia por la nominación del grupo Aterciopelados al premio Grammy en la categoría de rock alternativo latino, Héctor Buitrago, bajista del cuarteto, dijo que “fue entusiasta, pero no somos únicos; en realidad hay muy buenos grupos acá, como Ekhymosis”.

Sobre los otros cuatro grupos nominados para el mismo premio, Buitrago dijo que “El Tri equivale a la tradición de rock, pero creo que el premio debiera ser para grupos más recientes como Los Fabulosos Cadillacs y Café Tacuba, por todo lo que han aportado y por las nuevas propuestas musicales que manejan, es decir, por arriesgar. Molotov es realmente nuevo frente a todos estos grupos y su trayectoria”.

“Para nosotros” precisó, “el poder aspirar a un premio es ya de por sí un honor. Nos sentimos contentos, aunque estamos a punto de ir a grabar nuestro nuevo álbum a Nueva York sin pensar mucho en la premiación”.

Buitrago, quien junto con la guitarrista y cantante Andrea Echeverri, el baterista Alejandro Gómez y el guitarrista Alejandro Duque, forman el cuarteto colombiano de rock, autor de dos álbumes más: “Con el corazón en la mano” y “El dorado”.

Buitrago y Echeverri forman la mancuerna de compositores de Aterciopelados, y cuentan entre sus temas con “Bolero falaz”, “Quieto veneno”, “Baracunátana”, “Cosita seria”, y la conocida “Florecita rockera”.

El ex integrante de las bandas colombianas Pestilencia y Brigada Criminal comentó en entrevista telefónica desde Bogotá sobre la actividad reciente de Aterciopelados en Los Angeles y el estilo del nuevo material discográfico que preparan.

Cuestionado sobre si rescatarían el estilo de su álbum anterior, ‘La pipa de la paz’, Héctor dijo que “hemos agrupado un bloque de canciones que en definitiva tienen nuevas letras y enfoques. Claro que sí tienen nuestro toque y estilo, con las expresiones con las que la gente nos identifica. Hemos experimentado un poco más con los sonidos, sobre todo electrónicos”.

Buitrago descartó la posibilidad de integrar a un nuevo elemento dentro del grupo, aunque dijo: “Hemos estado abiertos a introducir nuevos sonidos y ritmos en nuestras grabaciones y conciertos con músicos invitados. Si lo ameritara lo haríamos”.

Aterciopelados, que de los bares bogotanos pasó a los conciertos masivos con Cypress Hill, y con Soda Stereo, Café Tacuba, Los Fabulosos Cadillacs y Juana la Loca, por toda Latinoamérica, representa un caso único entre los grupos de rock con instrumentación clásica, pues la voz principal recae en Echeverri, autora de las canciones junto con el guitarrista.

Según Buitrago, “el año pasado fue definitivo para darnos a conocer ante el público angelino, con la tocada en House of Blues. La anterior en el Dragonfly, más la participación que habíamos tenido en Revolución 96 en el Anfiteatro Universal, también nos permitieron permanecer en el gusto de los jóvenes y sondear su gusto por nuestro estilo”.

Desde entonces, fotos de Andrea y del grupo han acaparado portadas de publicaciones de rock en español.

Respecto del impacto que la proyección continental ha tenido Aterciopelados ha implicado en la escena rockera colombiana, Buitrago indicó que “la apertura al rock ha sido, más que en los lugares, en la radio, con una mayor difusión y presencia de los grupos. Poco a poco, pero allí va la cosa”.

El Tri en sus treinta


Por Norma J. Kaiser

El Tri, sin duda el grupo más popular del rocanrol en México y con una sólida presencia en otros países latinoamericanos, es toda una leyenda dentro de la música popular mexicana, tras 30 años de plasmar en sus canciones el sentir de muchas generaciones que se identifican con las letras rústicas y cargadas de picardía a ritmo de blues y rock.¶

Alex Lora fue entrevistado por Vista en L.A., previamente a la pasada entrega de los premios Grammy, en el hotel del centro de Los Angeles adonde se hospedó. Allí brindó innumerables entrevistas a los medios periodísticos y de comunicación televisiva y radial que cubrieron el evento más importante de la música en Estados Unidos: la ceremonia de entrega de los premios Grammy.

Desde hace dos años, surgió la categoría del premio al Mejor Intérprete de rock/pop alternativo latino. Y, por supuesto, El Tri estuvo allí, nominado por su álbum dedicado a la Virgen de Guadalupe, Cuando tú no estás. Este año, Alex y su banda fueron nominados por el álbum Fin de siglo, grabado en Los Angeles el año pasado, y que ha tenido un gran éxito entre los rocanroleros.

“A 30 años de interpretar mis rolas resulta que de cada nuevo álbum del Tri que aparece, en seguida los temas se convierten en himno para lods chavos, para la banda. Por ejemplo, Fin de siglo, que contiene temas como El voceador, Fin de siglo, Todo me sale mal y La Nostalgia, resumen todo le que han sido estas tres décadas de practicar el deporte más sano, niños, el rocanrol”, declara Alex medio en serio y medio en broma, mientras pulsa algunos acordes de su inseparable guitarra eléctrica.

“Es la de las fotos, también; salgo con ella a veces más seguido que con mi vieja”, dice en el tono de cotorreo que lo caracteriza.

También lo acompaña durante la entrevista su inseparable compañera, Chela Lora, así como en todos los asuntos que tienen que ver con este enchamarrado de cabello chino y delgada figura.

Es un icono, una imagen bien conocida que aparece en las miles de camisetas negras u tricolores que los chavos y no tan chavos lucen tanto en las tocadas del Tri, como en las de cuaquier otra banda. Inclusive, para la “talacha” o el “jale” en el trabajo cotidiano.

Alex hace consideraciones sobre el contenido y el significado de sus composiciones entre el público que lo sigue a las tocadas y presentaciones personales: “Las rolas del Tri son algo que ha mantenido unida a la banda todo este tiempo; han crecido con Niño sin amor, con El Chavo de onda, con Mente roquera. Hablan de la neta de la banda, de su fe, como en Cuando tú no estás mi anterior disco, también nominado a los premios “Gremlins” (Grammy) y en el que participó un gran rocanrolero guadalupano, el maestro Carlos Santana”.

“Ahora, con Fin de siglo, estamos nominados por segundo año, pero el logro no es para El Tri, para los Aterciopelados, o para la Shakira, los Enanitos Verdes o para los gueyes de Maná; a huevo que es para todo el rock en español, lo cual es muy chido y demuestra la fuerza de esta música. Vale gorro quién se lleve el “Gremlin” y lo coloque arriba de la chimenea; lo que cuenta es que nuestra música les avisa a los gabachos ‘órale, órale, cabrones, también contamos con nuestras rolas”, afirma con vehemencia mientras sigue tarareando parte de sus conocidas canciones.

La actividad de la banda es imparable; la mayoría del año peregrinan de país en país en giras con otros conocidos grupos; no sólo de rock, puesto que Alex comenta que han alternado con la Sonora Dinamita, con Memo Ríos, con la Banda Maguey, con Cristian Castro, y con las más pesadas bandas de rock, rap y hip hop internacional, “como fue el caso del Festival Vive Latino, que se llevó a cabo durante dos días en el Foro Sol del autódromo Hermanos Rodríguez”, explica. “Allí cerramos una tocada en la que participaron Control Machete, Illya Kuryaki & The Valderramas, Miguel Ríos, y la mayoría de los grupos que ‘la están haciendo chido’ no sólo en México, sino en Latinoamérica y Estados Unidos. No se la acabó la gente”, exclama el legendario rocanrolero.

Por otro lado, El Tri fue el grupo abridor de los dos conciertos que ofrecieron The Rolling Stones durante su gira Bridges to Babylon, en ese mismo foro, con bastante éxito.

Comenta además que El Tri ha participado con un éxito tremendo en el Festival de la Cerveza en Perú; "no en campeonato de chupe de chelas, sino en actuar junto con otras bandas bien cabronas ante unas 200 mil personas, lo que ‘se dice fácil, pero es difícil’, como dice mi rolita”, dice Alex.

Comenta el autor de ADO, Las viejas del Distrito Federal, Niño sin amor y la famosa Triste canción de amor que “también, el año pasado en la Ciudad de México pudo oírse la música del Tri con arreglos de Sinfónica; sonó de poca, aunque la banda se sacó un poco de onda, pero esa tocada con arreglos tan fregones dio a todos una idea del alcance de nuestra música; la que también hemos interpretado en la Basílica de Guadalupe, en los hoyos fonqui, en España y en Estados Unidos”.

“Es la misma música; la banda se identifica con ella aunque ande chambeando en otro idioma, acá en el Gabacho. Las rolitas y los discos del Tri lo alivianan, le traen recuerdos chidos de su raza, de su rocanrol, de sus viejas y de la tierra adonde echaba desmadre. Creo que por eso, cada que tocamos en el extranjero, le entra a la banda la Nostalgia del fin de siglo que todos llevamos. También a nosotros nos enchina la piel cuando la banda trae sus camisetas, sus posters, sus discos para autografiar, para echar slam y para mentarle la madre a Alejandro Lora, que es obligatorio en toda tocada del Tri, mis niños”, dice en serio y en broma el trovador del barrio.

“Ahora que podemos contabilizar 30 discos –uno por año– vemos que la gente tiene sus favoritos, pero conocen todos los álbumes del Tri: el de Una rola para los minusválidos, Simplemente El Tri. Contamos también con el Tri-buto, una compilación de rolas del Tri con distintas bandas que hicieron una versión de su rola favorita”, comenta Alex.

Cierto; no ganó el Grammy tampoco este año, pero el solo hecho de haber sido nominado es el reconocimiento a su labor de tres décadas de rocanrol. Modas van y vienen y El Tri siempre tendrá una rola para contar las historias de los Chavos de Onda, de corazón y de todas partes donde se escuche rocanrol, porque hasta allá llega la música de esta banda mexicana.

Simpatía por los Stones


Ricardo Camarena

Redactor de Espectáculos

(La Opinión, 8 de febrero de 1999)

En el primero de los dos conciertos ofrecidos por The Rolling Stones en el Arrowhead Pond de Anaheim el martes 6 de febrero por la noche, revolotearon la ventisca, los recuerdos y sobre todo, las ganas de exclamar a todo pulmón: ‘It’s only rock and roll, but I like it’ (Es sólo rocanrol, pero me gusta).

Desde niños casi de brazos, adolescentes exiliados de Oasis y Hanson, la abrumadora mayoría adulta y hasta ancianos ataviados con alguna prenda o colguije con la famosa lengua salida, todos colmaron a su máxima capacidad el foro para 19, 400 almas rocanroleras.

Pasadas las ocho de la noche Bryan Adams, junto con dos músicos más, preludió la velada rockera con una respetable potencia de audio. Bocadillo para quienes tenían un apetito de rock mucho más feroz y se reservaban para el convite mayor.

Las pantallas gigantes sincronizaron el videoclip de la entrada al foro con la presencia real de los músicos. Por ello es que ‘Jumping Jack Flash’ inició el derrotero de canciones de siempre de los Stones, que llegaron junto con los vientos de Santa Ana el martes por la noche. Quizá los vientos se hallaban fuera de época; los Stones, no.

Jagger, vestido inicialmente de camisa rosada, chaleco y pantalones negros, y portando lentes oscuros, abrió a las 9:40 el concierto. Y desde ese momento, auxiliado por los tres grandes panales que semejan las bocinas colgantes del lugar, congregó en torno de sus canciones, como miel, al enjambre de abejas de todas latitudes.

Con la vertiginosa vitalidad de siempre y una agilidad de cachorro de gacela, interpretó entre sus características gesticulaciones y con espléndida voz atemporal ‘Live with Me’, ‘Moolight Mile’, ‘Shine a Light’ y ‘Undercover’. El reconocimiento generacional llegó a la ovación cuando los Stones interpretaron ‘Honky Tonk Women’.

La corista puso la nota sensual cuando hizo dueto con Jagger entre contoneos, compartidos rato después con los demás instrumentistas, mientras el público coreaba los estribillos.

Con una sección de metales –trombón, dos saxofones, trompeta, y tres coristas –dos hombres y una mujer– desfilaron por los amplificadores ‘Paint it Black’, ‘Route 66’, ‘Respectable’, ‘It’s only rock n’ roll’.

Charlie Watts, con su inmutabilidad característica y a ratos bajo un juego de luces color jade, tocó su batería en adecuado contraste con los contoneos de Jagger en el foro y las pasarelas; una rodeaba el foro principal; la otra surcaba el público hasta un foro central, adonde los Stones brindaron un set más de canciones.

El vocalista y Richards emplearon, intercaladas, guitarras eléctricas. Jagger, de cuando en cuando, se colgaba una acústica y en piezas como ‘Midnight Rambler’ sacó notas memorables en un solo del más puro estilo bluesero.

Derril Jones, discreto, bajeaba con poca movilidad; no así los guitarristas Wood y Richards, que emitían conocidos requintos para abrir melodías como ‘Brown Sugar’. Jagger salió en determinado momento del escenario principal y entonces Richards cantó ‘You Got the Silver’ y otro par de temas.

Un par de canciones después, el meneo de las coletitas en el cabello de Richards acentuaban los requintos rítmicamente; para estas alturas, Jagger y Wood se habían despojado de chamarras y camisas y en camiseta rocanrolaban bajo luces estróbicas ‘Start It Up’ y ‘Out of Control’.

Los temas clásicos y lo nuevo de los ingleses se amalgamaron a la perfección. Es más; parecía que el ‘feedback’ fortuito de algún micrófono había sido realmente a propósito, para darle mayor sabor al ambiente “en vivo” de temas que, a más de dos décadas de compuestas e interpretadas por la dupla Mick Jagger-Keith Richards, resonaron con potencia juvenil en todos los rincones del recinto bajo un gigantesco coro cervecero.

El ‘bis’ de la banda inglesa fue ‘Sympathy for the Devil’, en el que puso a corear a toda la concurrencia el famoso estribillo casi aullado, pasadas las 11 y media. Ya una lluvia de serpentinas de estaño había caído sobre la multitud.

En ese momento, el requinto clásico de Richards a este tema fue realtivamente opacado por el ensamble de instrumentos de viento, pero el coro general reivindicó la “simpatía”.

Las más de 20 interpretaciones de esta noche de los Stones forman parte del repertorio de la gira ‘No Security 99’, que inició en Oakland el 25 de enero.

LA LUZ AL FINAL DEL TÚNEL (musicuento)

LA LUZ AL FINAL DEL TÚNEL

(Soundtrack: Viaje al fondo del Metro, de Camarena, Muñoz y Vargas)

Voy, a paso lento, sin medir el tiempo, cotizando la ilusión en algunos pesos: la ida y vuelta.

Bajo, compro mi boleto, para un viaje incierto, dentro del calor.

Un empujón indica mi lugar al centro al centro de la distorsión mientras la matraca traga ese papel.

La mirada adusta de un pardo vigilante trepana, cobarde, mis sienes ahí.

Caigo, ante codazos, en un féretro naranja (en fetidez de vivos como para estar muerto) y golpea mi vista el mirar ajeno, pleno de hastío y la histeria afín… al fin.

Un dinosaurio agreste, encorbatado, acosa femeniles traseros. Mientras la oferta escupe a mi oído, la mueca pulula sin distinción de sexo.

Subo, todo macilento, del viaje más cruento en mi transición hasta la ignominia, a través del Metro.

Para mí ya no hay luz al final del túnel. Mi fe me flagela con un cilicio oxidado que heredé de una monja mal comprendida: el título de mi tesis de maestría sobre Sor Juana tiene mucho de epitafio. Y entonces tiro la tesis y compro tequila. Sorbo, sordo a la condena callejera que reprueba mis eructos tanto como mis sinodales mis exabruptos.

Sin embargo, una hora después siento que mi cabeza estalla como histórico zeppelín de tan ligera y combustible; cruje como judeoportugués en el potro y entonces mi ánimo se pudre como la carne al pastor en ese “trompo” cuyo giro sólo acochambra y sazona despojos con piña. Nunca pensé que los trozos de cerdo adobados tuvieran la capacidad gregaria para tanta heterodoxia que se limpia suciedades con papel estraza, con lo que su papel les traza.

Da lo mismo dónde estoy; da lo mismo adónde voy. Río al suponer que los borrachos tenemos el mismo derrotero irresponsable que una mosca en torno de la mierda, que una carabela de Colón en torno de la Historia, que una úlcera de colon en tono encarnado: Metro Tacuba, el Metro te acaba, Metro Tasqueña, Metrosexual, metrópolis: una letal combinación de prisa y odio, de tacón y portafolio, de la ansiedad, que me atropella en multitud sin más vehículo que sus miserias corporales apiñadas en la acera.

Salgo de ella como seguramente salió Adán del paraíso: agarrándome los genitales sin que ni tales ni cuales les importe desterrarme al arroyo de asfalto, adonde un auto –pero no de fe, sino tolerado– casi me arrolla. Casi me arrulla.

Un claxonazo con más sonoridad que trompeta de Jericó derriba mi alma de un sol sostenido; de un solo sostenido que punza en mis sienes y que me avisa: Campeón, tienes que romper hocicos, tienes que romper los signos… tienes que romper los siglos. Como bien dijo un buen amigo ermitaño, pero no tibetano anaranjado sino tabasqueño encarajado: “Sólo así veremos entonces esos atardeceres llenos de tinacos y antenas de televisión”. Y nos insultamos el chofer y yo como matrimonio de años.

Oigo la mentada y la quejada del chofer y sigo su quijada y consigo una mueca triturada por mi hastío y su ira. Veo mi botella de vino y la arrimo a su boca: no para convidar, no para combinar con propina, sino para propinar una combinación de ira compartida y de ida con partida, pero de madre. Y se revuelca en su sangre como furioso y babeante astado de tarde de toros y ahora la arena es de asfalto y el muy Minotauro posmoderno saca la .45 reglamentaria y me demuestra, Teseo, que se puede salir de este laberinto; me hace ver la luz del túnel –y no la del Metro, y no la del Éter, sino la del foso. Y poso mi humanidad con el aplomo que, precisamente el plomo, anida en mi cuerpo de árbol talado a balazos.

No pasa toda mi vida en un instante, sino que un instante paso a mejor vida.

PARÁBOLA DEL ROCK EN ESPAÑOL


Esta es la breve historia de decenas de grupos de jovencitos -y no tan jovencitos- cualquiera que,al rebelarse contra lo que fuera (obvio a esa edad en que han padecido una escolarización fulminante de toda individualidad) quisieron superponerse a Lo Establecido:

orden/desorden

silencio/ruido

disciplina/desmadre

responsabilidad/vagancia

masa anónima/celebridad

cultura/ignorancia ("contracultura")

Tomaron –sin entenderlos cablamente –elementos del lumpenproletariat y se uniformaron con ellos, con su slang, con su actitud de vida. Como nadie los oía lo gritaron; como nadie los entendía le pusieron música, pero para ser congruentes con su iconoclasia, procuraron desafinar.

Contra lo que pensaron, fueron exitosos y fueron ganando espacios: desde los pequeños antros segregados, hasta el espacio estelar en festivales al centro de los grandes ágoras del mainstream, bateando en Ligas Mayores con buen porcentaje (lo nuevo, si breve, vende dos veces bien).

Pronto les llovieron contratos y dinero, hasta que tuvieron inexorablemente que crecer. Y llegaron entonces otros jovencitos con una variante de la misma historia. Y así y así siguió este ciclo, hasta que hubo tantos, que le llamaron "rock en español".

Más que vivales, sus managers fueron vi$ionarios y, menos tontos y absurdos que esa carretada de rebeldes en busca de oportunidad. Mercaron con todos sus símbolos, con toda su música, sus consignas y hasta sus imágenes, y se vendió bien el producto, hasta que se agotó.

Entonces todos vieron que urgía vender otro tipo de cosas, lo que fuera. Y lo que pretendía ser una actitud de vida, cultura e idioma, el rock en español, al chico rato, inevitablemente, se tendría que convertir en oferta de temporada.

Antes de que eso sucediera, muchos mercaderes y artesanos del producto ya peleaban entre sí por nimiedades, apresurando sólo con ello la mala calidad del producto, aún antes de fabricarlo.

El epitafio del movimiento rezaba así: “No se pelién, men, no se pelién; para saberse peliar hay que saber con quién".

Era de Molotov.